sábado, 9 de noviembre de 2013

PRIMAVERA JAPONESA

Era mi primer día de primavera en mi país luego de tres anos de viaje. Todos los parques en el Japón  tenían su césped purpura por la invasión de cerezos, y junto a un lago sentí el paso del tiempo.

Hubiera querido estar en ese momento junto a esos amigos que tanto añoraba en el extranjero, o con alguna de todas las mujeres que había estado en mi vida antes de partir, esas que extrañaba en los momentos dificultosos allá en Europa. Sentí el paso del tiempo porque me di cuenta por primera vez que ya no me pertenecían, esa distancia, fue la que hizo que solo me perteneciera lo que estaba por venir.

Ese mismo día por la noche, me reuní con los antiguos amigos en el departamento de una chica en el centro de Tokyo. Brindamos con champagne después de los postres y después que se fueron todos me quede conversando con la dueña de casa. Era atractiva y era occidental también, me dijo que había nacido en Gales, pero era gerente de una empresa de publicidad que  trabaja con una marca deportiva muy famosa y accedió a venir al Japón. Quise mostrarme como un hombre de mundo y conquistarla esa noche, y lo conseguí. Recuerdo que a la mañana siguiente nos comportábamos como si ya nos conociéramos de siempre, y cuando la lleve a su oficina en mi coche me costó despedirme.



Esa semana siguiente ocupe todo mi tiempo en conseguir un nuevo trabajo, mientras que ella tuvo que volar a América por unos días para rendir cuentas en la casa central de la marca. No podía encontrar ninguno y un familiar cercano me pregunto si mi voluntad de trabajar era real, lo cual le respondí que si, y me llevo durante el fin de semana a Saporo para aprender a asesorar para una empresa de publicidad que trabaja por todo el país.

Estaba volviendo de comprar cosas por el Odori Park cuando a una altura las dos avenidas de alrededor de los arboles estaban cortadas por manifestaciones antiambiantales. Fue entonces cuando decidí girar hacia mi derecha y tomar el mismo camino, una cuadra más al costado. Cuando sin darme cuenta fui abordado por unos muchachos agresivos que se movían alrededor de los manifestantes, culpaban mi conducta de pasar delante de ellos sin colaborar con su causa, y encima la policía estaba muy lejos.

Me golpearon y fui hospitalizado. Me dijeron que tenia que hacer cuatro de días de reposo. Y en una casa de un amigo de mi tío me alojaron para descansar.
Recibí llamadas el penúltimo día  de mi amiga Galesa, y no sabía que responderle. El recorrido de su piel había sido borrado por la paliza y el temor a perder la vida.


Recién había empezado la primavera, y solo me desvelaba la promesa de que buscaría a una mujer que sea mi otro yo atraves del espejo … una promesa realizada con los ojos cerrados por el temor, y la tristeza de no haber vivido el verdadero amor, ese que a veces florece en la primavera japonesa. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

LO QUE TRAE LA PRIMERA EN CHILE

Santiago de Chile

Se había hecho de noche, y los espacios vacios del apartamento me hacían sentir sola. Cerré todas las ventanas y aun así sentía ese frio.  En la cocinaba el reloj marcaba ya las tres de la mañana, y subí las escaleras en caracol hasta mi habitación a acostarme resignada. Recién ahí sonó el timbre.

Toda mi familia estaba de vacaciones por el fin de semana largo, descansando en la casa quinta en Mendoza, mientras que yo, la hija menor, esperaba por primera vez a un hombre en la  casa. Éramos compañeros de curso, aunque él era dos anos mayor.  Le recrimine porque había llegado a esta hora, que ya estaba por irme a acostar, y que estuve a punto de desilusionarme, cuando me da un beso y se mete adentro de la recepción. Me conto con enfado que lo había demorado la policía, por pegar afiches  junto al centro de estudiantes, entorno al aniversario del referéndum que le dijo No a Pinochet. Me dijo también que lo habían golpeado y que estaba un poco dolorido, y yo para romper un poco el hielo de la situación, lo invite a pasar al living que iba a hacerle unos masajes para que se relaje, y pasarle un poco de alcohol por las heridas.


Cuando me fui a la cocina a buscar las vendas al botiquín, me detuve a observarlo. Vi como prendió el televisor, y dio una vuelta mirando las fotos familiares sobre el mármol, y me sentí una tonta. Cuando volví ya estaba preparada para la pregunta, pero el comentario fue – no sabía que abuelo era militar - , lo cual le respondí si le interesaba mucho, porque yo realmente nunca lo conocí, y que no pienso como mi familia en torno a los temas de interés general, lo cual genero en él una fuerte risa y la aclaración de que no le importaba. Me acaricio el pelo y me dijo que la foto que más le gustaba era otra que llevaba en la mano, con la amenaza de robársela, en la cual salía con mis compañeras de modelaje. Se la quite nos reímos y nos fuimos a la habitación.


A la semana siguiente me sentí liberada como persona, pero los días que transcurrían y estar alrededor de mis hermanos y sus estupideces, y el comentario crítico de todo de mi madre,  me hizo volver poco a poco a la que era antes.

Cuando volví a la escuela, mi compañero ya no estaba, había sido expulsado por pegar afiches en la pared de la escuela en horarios nocturnos. Nos seguimos viendo fuera de clases, pero mi existencia en ese colegio ya no era el mismo. Me sentía falsa, sentía que solo pertenecía a esos grupos por ser linda, o por tener dinero, o por el apellido de mi padre. Me aleje poco a poco del modelaje hasta dejarlo definitivamente, deje de preocuparme tanto por mi estilo, y empecé a valorar más ese nuevo espacio que quedaba vacante en mi mente.  Por supuesto que genero un quiebre en la relación con mis hermanos y mis padres, nunca me comprendieron, y lo único que hicieron fue tildarme de ideas comunistas o de hippie estúpida, por palabras de mi hermano mayor, y su opinión hicieron que me alejara mas y mas de lo que conocía hasta ese momento , e intente gracias a las libertades que tenia, de conocer el porque de las cosas que pasaban a mi alrededor .




Cuando me gradué de secundaria, mis padres pudieron mandarme a estudiar a la universidad  de arquitectura. Los padres de mi compañero no. La universidad en Chile es privada, y más allá de las buenas calificaciones, el gobierno de Pineyra le negó su beca en estudios económicos por el solo hecho de aquella protesta.


Cuando paso eso, al cabo de unas semanas, el comenzó a distanciarse de mí, y por mi desesperación le empecé a seguir a todos los lados que frecuentaba. Una tarde de invierno me despecho diciéndome que era una maniática hija de militar, que solo quería comerme una de un zurdo para lavarme las culpas, y que lo único que sabía hacer bien era dibujar casitas para la gente rica como una estúpida.

Nunca volví a verle y nunca me repuse de ese vergonzoso y humillante desplante. Me sentí descolocada y me concentre nada mas que en mis estudios. No encontraba forma de dejar acercar a ninguna persona sin que pronto dejara de interesarme. Al mismo tiempo no podía lograr acercarme a las personas que me gustaban porque mi comportamiento estaba influenciado por esas palabras, y por la necesidad de buscar un amor exacto al que tenia.

Ahora estoy cursando mi tercer año en la universidad, y a principios de este invierno, conocí un hombre en el gimnasio de la universidad, en el centro de Santiago.
Le permití conocerme, y lo lleve a mi casa. Quedo muy impresionado por el lujo, aunque me dijo que no le importaba, y que solo quería hacerme el amor. Tenía su cuerpo bien entrenado, me adoraba, y la pasábamos muy bien. Pero luego de vernos tres veces, empecé a acosarlo con mensajes de texto, diciéndole que era un estúpido, que no estaba a mi altura, que no la había pasado tan bien. Lloraba de bronca y de dolor mientras las escribía en mi habitación, mientras del otro lado en ves de recibir insultos, recibía comprensión y preguntas. El solo quería estar conmigo.


El invierno termino, y el de dolor ya termino conmigo. Pero espero que pueda encontrar esa otra persona en alguna otra estación del año ... Con esa limpieza del alma que solo trae una nueva primavera


lunes, 21 de octubre de 2013

RETRATO DE

JUNE 2012

Es mi primera tarde de verano en Nueva York, y camino solo bajo el sol por el verde  de central park. Llevo bajo mi brazo una gran carpeta con cuatro lienzos, los cuales intente vender sin éxito durante la mañana, en diferentes galerías de la ciudad.

Me siento en un banco alejado a descansar, cuando busco un cigarrillo de marihuana en el fondo del bolsillo de mi traje, sin éxito. Cerré los ojos y conté hasta diez, cuando de repente esa sensación de desesperación empezó a descender lentamente.
Saque de la carpeta los lienzos con mis dibujos, buscando relajarme, y comenzó a observarlos y a recordar los sentimientos que me habían llevado a crearlos, pero en solo unos segundos, toda esa belleza fue opacada por el recuerdos de aquellos comerciantes de arte que decían no comprender mis dibujos.

Mire al cielo y al ver la inmensidad, di un suspiro y baje la vista. Fue en entonces cuando me encontré en frente mio  una bella mujer de mi misma edad, que se sienta en el otro banco  y suelta su cabello.
Por un instante me sentí como durante mi adolescencia, en el distrito federal de Mejico. Todavia no había echo ningún dibujo, ni había echo el amor a una mujer.
Seguí observándola mientras sacaba un refresco de su cartera, y reconocí en sus rubios cabellos y sus blancas piernas el rostro de Agustina Luchetta.

La había conocido a los catorce años, cuando en el internado escolar nos llevaban al predio de Gimnasia y Esgrima donde ella practicaba Tenis. Luego de los tiempos de descanso me quedaba mirarla practicar y habíamos echo amistad, cosa novedosa para el transcurso de esos días , en los cuales me juntaba solo con varones en el internado.

Yo sabía que para ella que para ella era una sincera amistad. No sé como describirla con palabras, pero ella era la chica más linda que había siquiera visto hasta entonces, estaba adonadado de su mutua confianza, me conformaba con eso y me alcanzaba para pensar en ella cada noche.
Luego de ese año escolar, nos vimos algunas veces ese verano, en algunas juntadas del grupo escolar con los grupos de esgrima y tenis, por la amistad deportiva. Pero ya hacía tiempo no hablábamos y eran demasiados los chicos que se le acercaban por su belleza, entre ellos algunos de mis amigos.

Por suerte, dos anos después el internado permito el ingreso de mujeres, y los cambios de época me permitieron charlar con ella alguna que otra vez más.

Entonces me acerque a su banco, y al hacer contacto nuestras miradas me di cuenta que no era Agustina.

Por un instante casi me muero de vergüenza, pero la chica me dijo en ingles que me siente, pensando que quería venderle uno de mis dibujos.
Se los mostré uno por uno, y dejándome llevar por su encanto, y el recuerdo de mi ex compañera, se los explique y le pedí que elija uno, que se lo regalaba.

Pero ella, al ser americana, pareció leer en mi mirada lo difícil que puede ser relacionarse y vivir como pintor que lleva su trabajo bajo el brazo en la gran manzana.
Me dio la mano y una sonrisa, y me dijo que se llamaba Jenny. Su parecido con agustina era casi como un espejo.

Le gusto uno de mis trabajos de mis últimos días en Mejico, de dos chicas morenas abrazadas a un hombre armado. Me dio cincuenta dólares, y le dije que me parecía mucho, que mi intención inicial era regalárselo. Entonces me sonrió y me agradeció, y me dijo también que mi rostro le resultaba familiar pero no sabía explicar de donde.
Quise hablarle del dibujo, pero al instante me dijo que no le interesaba la política. Sonreí y me abstuve de seguir explicándole que ese modelo de mujer era el que se imponía desde aquí a los barrios latinoamericanos.

Pero me tomo de la mano como lamentándose, y me dijo que lo había elegido por el dibujo. Me ayudo a guardar los demás lienzos y la acompañe, cruzando todo el parque, hasta su apartamento en la quinta avenida.
Me saludo amistosamente y me dijo que esperaba encontrarme nuevamente por el parque.











JULY 2012

Lunes.
Los días pasaban en el calendario, y todavía no podía vender ninguno de mis nuevos cuadros en alguna galería.
Frecuente central park varias veces esta semana para encontrar a Jenny, pero nunca volvió y ahora me resulta un lugar un poco fastidioso.

Me enviaron un poco de dinero y al fin pude rentar un apartamento con aire acondicionado. Para llegar a el cada noche, tengo que pasar por la casa donde la deje aquella vez.

Deje de hacerlo, pero al principio, me detenia en frente y observaba a su ventana mientras disimulaba tomar un café o un refresco. Pero solo encontraba cada luna a la misma señora de avanzada edad con la mirada perdida en algo, o tejiendo.

Viernes.

Tuve que volver a pasar por casa de Jenny, pero esta vez porque en una galería de su misma cuadra pude vender mi primer cuadro.
Me pagaron seis mil dólares y la encargada del lugar me dio muchos elogios. El seguridad de la galería ya estaba casi echándome cuando ella me dice que había tiempo hasta el primero de agosto para competir por un premio especial de cincuenta mil dólares en la categoría retratos masculino y femeninos, por la gala del 75 aniversario de la Sra Vanini, dueña del lugar.

Desde entonces no estuve pensando más que en el rostro de Jenny para retratarlo, pero solo aparecía en mi mente la imagen de Agustina.
Me había tomado la competencia como cosa seria, por eso pedí que me mandaran un cajón con viejas fotos del internado. Mientras esperaba que llegue mi encomienda no dejaba de hacer bocetos, creo que ya había superado los cien, cuando decidí terminar y elegir uno.
Ninguno logro convencerme.
Aunque esos últimos días habían sido realmente inspiradores. Me había quedado tres días trabajando sin parar en ellas. Todos eran honestamente bellos, pero sabia con cual quedarme porque unos me recordaban a Agustina y otros a Jenny.

Ya era treinta del mes cuando por fin recibí mi encomienda, y pude ver el rostro de Agustina y sus rubios cabellos nítidamente por primera vez en mucho tiempo.
Me emocione y al mismo tiempo me entristecí.
Me acorde de mi mismo a esa edad, entonces, al sentir el paso del tiempo, casi una década, pude verme reflejado entre ese chico que no necesitaba más que verle el rostro a una compañera, y este hombre que necesita vivir volando su mente por el aire, para conseguir esa belleza que supuestamente obtiene la gente en la cosas cotidianas, cosas cotidianas que aprendí después de años, buscando este retrato.

Pero luego de pensar eso, unos minutos después, me sentí liberado después de mucho tiempo, y pude concentrarme para hacer un último esfuerzo con el pincel.

Dibuje el rostro de Agustina tomado de una fotografía en el parque, en la que justamente se tapaba el rostro sonriente con una de sus manos.

Cuando lo remarque, tuve que pensar que detalles ponerles al rostro.

Entonces se me cruzo por mi pulso la misma sensación que ya había sentido una y otra vez, cuando recién conocía a una mujer y me enamoraba.

Fueron pocos segundos en los que al despegar el pincel, me sentí triste por dejar una parte de mi en el papel. Pero fue solo un instante, me alegre por tener mi trabajo ya listo.











AUGUST 2012

El concurso era artísticamente hablando, algo mediocre, aunque la gala era de un lujo espectacular.
Luego de una hora de exposición retiraron los cuadros y pusieron unas mesas, y a las diez y punto de la noche bajo de una escalera redonda, para mi sorpresa, la señora que veía esos días en el apartamento donde había dejado a Jenny.

Ella era la Sra. Vanini, quien dio un pequeño discurso y luego de abrir un sobre me nombraron ganador. Me puse feliz y subí al pequeño estrado que habían improvisado, pero cuando ella me vio cambio radicalmente su rostro.

Después de la premiación ella se retiro automáticamente, y una secretaria me dijo que un coche me esperaba afuera , que la señora quería conocerme.

Cuando estacionamos en el apartamento donde había dejado a Jenny se me paralizo el corazón, pero tuve que concentrarme porque al entrar la Sra Vanini me esperaba muy fastidiosa.

El hall de la casa estaba lleno de fotos de Jenny, y por primera vez pude notar la diferencia con el rostro de Agustina.
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En ese mismo instante, la Sra. Vanini comenzó a llorar desaforadamente y a golpearme, diciendo si yo le estaba tramando alguna broma macabra.
Logre tranquilizarla, bastante desconcertado, y le dije que conocí a Jenny en central park hace aproximadamente un mes.

Me dijo que no podía ser posible, que Jenny su hija había muerto en 1993, de sobredosis en una fiesta rave, era estudiante de arquitectura y dibujante como yo.


Me largue a llorar y ella también. Me sirvió un café y escuche la vida de Jenny, me entristecí porque nunca volvería a ver a Agustina, y una parte de mi se había ido con el premio, como me paso con aquel pincelazo.





miércoles, 24 de julio de 2013

EL PUENTE DE LOS SUSPIROS

Me llamo Julieta Ocampo, soy rosarina, con 33 años recién cumplidos. Es nuestro cuarto día de luna de miel,  y recorro sola, con mi cámara fotográfica, los pasillos que encierran los arcos del Palacio Ducal de Venecia.


Un sol de verano deja colorados mis brazos, que estaban acostumbrados a los abrigos y resguardos de la gris ciudad. Cuando llego por fin al Puente de los suspiros, me detengo a la mitad para observar como pasea por el medio del canal una canoa con una pareja de turistas.


Me acorde de Francisco, mi esposo. Recién debería estar despertándose, se acostó algunas horas después que yo, se quedo leyendo un libro de Truman Capote en el balcón de la habitación del hotel, fumando toda la noche. Yo tampoco me acosté temprano, me quede recostada en mi cama mirando su sombra atraves de esas cortinas de seda, que suavizaban esa sensación de que todo había vuelto a la normalidad.




Somos pareja desde el último año de cursado del colegio secundario,  en el instituto privado San Juan Bautista de la Salle. Nos dimos nuestro primer beso en el viaje de graduación a Cancún, lugar predilecto del turista argentino en los 90s.  Estábamos entre las palmeras y el agua cristalina cuando lo presione para que se presentara a mis papas antes que hagamos el amor.  Estábamos a fin de siglo, y ninguna de mis compañeras creía ya en esas cosas. Yo tampoco, pero nunca creí que su extraña fidelidad hacia mi hubiera comenzado aquel día, con muchos menos me hubiera hecho mujer entre sus brazos antes que regresáramos a la Argentina, pero no fue así.




Los próximos diez años pasaron así. De las tardes de domingo en la casa quinta de mi padre, donde desde que presente a mi primer novio deje de ser la rara de la familia, a esas noches en mi departamento al lado del rio, donde al cabo de un tiempo mi insistencia a no quedarme sola hizo que fuera de los dos. Francisco empezó a trabajar en el estudio de abogados de papa y al poco tiempo empezó a llegar cada vez mas tarde. No me sentía realmente feliz, el casi nunca me tocaba, de hecho nuestra relación nunca había sido muy carnal. Estaba llegando a los 30 años y sentía como desperdiciaba mi vida. Mi padre se entero de mi tristeza y lo presiono para que nos comprometamos, y 
así pasamos este último tiempo.




Siempre había escuchado en bocas de mis amigas, y a mis espaldas también, que Francisco era homosexual. Siempre tuvo comportamientos refinados, alguien podría pensar que afeminados, pero nunca en la vida me anime a preguntárselo.

Esa tarde en el registro civil de calle Wheelwright, su retraso de media hora me hizo bajar la presión y ponerme blanca del miedo, del miedo de saber que todo era una mentira. Todas mis ex companeras, el estudio jurídico de papa, los parientes de mi mama y toda su familia me miraban como una loca, la única que no me daba cuenta de nada.  Solo mi amiga Diana se animo a levantarse de su asiento y llevarme al baño.  Ahí entre lagrimas me quebré y le pregunte, sin rodeos, si ella pensaba de corazón que Francisco era puto.



La mire a los ojos atraves de mis lagrimas, y lei su silencio como una condena. Fueron dos segundos, un instante, en lo que pensé que todo lo que creía era amor hasta entonces era mentira … cuando un portazo me hace ver por el hueco de la escalera a Francisco entrando al registro civil. Estaba acompañado por un hombre, lloraron, se abrazaron y subieron juntos a la sala principal.


Cuando dimos el SI y nos besamos delante del notario, me tomo del rostro y nos miramos a los ojos, me dijo que amaba, y di un suspiro como nunca antes lo había dado.



Hoy recuerdo su rostro, diciéndome esas palabras, en el medio de este puente en Venecia. En este mismo lugar, durante el siglo XVII , se trasladaban a los presos políticos y delincuentes comunes a la prisión de la Inquisición.  Cuenta la leyenda que el famoso puente lleva este nombre en honor a los prisioneros que miraban el rio por el puente antes de llegar a su celda.



Me los imagino con ese mismo rostro de Francisco, y dando un suspiro como el mío.







viernes, 14 de junio de 2013

EVITA & MADONNA


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Era una más de esas tardes de verano, del 96’ estoy seguro,  en las que entre los hombros de una multitud que viene y que va, logro distinguirla a mi paso por delante.

Llevaba su color de cabello habitual, un negro oscuro como el cerrar de los ojos, pero esta vez tenía un pequeño detalle, su larga cabellera estaba ahora cortada hasta sus hombros, y rapada en un costado. Las demás partes de su cuerpo seguían acomodadas igual que siempre, erguidas bajo un par de tacos y cubiertas por su blanca piel.


La seguí a paso lento, observándola, por diferentes puestos de las galerías de San Telmo comprando acrílicos y mirando medallas de guerra de la Europa del Este. Un anciano se le acerca y le dice que tenga cuidado, que esas baratijas lo son porque vienen infectadas de la reacción nuclear de Chernobyl, contrabandistas las robaron de las casas abandonadas y las venden a otros países. Ella deja un par de medallas sobre el tablón del puesto, y creo que ahí fue que la vi reír por primera vez.

Minutos después su rastro ya me había llevado hasta Plaza de Mayo, lugar en el cual la perdí de vista por el resto del día. Un agente de seguridad privada me detuvo y en un segundo de distracción mi musa se había perdido entre esa multitud. Cuando me puse a pensarlo, el agente había terminado de decirme amablemente que si podía dirigirme hacia el costado de la plaza porque estaban rodando una película. Vi pasar los equipos de trabajo con sus cámaras , y junto con ellos iban acompañados un grupo de bailarines vestidos de obreros industriales con pancartas de los 50. Me dio mucha gracia y volví a mi apartamento a esperar que se haga la hora.



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El timbre del apartamento retumba en mis oídos tres o cuatro veces y me fastidia. . - Señorita Gala.-  escucho desde mi habitación, mas tres golpes a mi puerta. Después de unos segundos de silencio, vuelvo a escuchar otros tres golpes y la voz del repartidor de diarios llamando por mí.

Me levanto sobresaltada y voy hacia la puerta, recojo el periódico y me despido rápidamente con un portazo, cuando otros tres golpes instantáneos me hicieron recordar que no le había pagado. El rostro del vendedor me resultaba familiar, pero no le preste atención. Me miraba fijamente como si esperara algo más de mí, y luego de unos segundos incómodos cerré la puerta sin despedirme.


Miro el reloj de pie de madera y son las once de la mañana. Abro las cortinas y un sol radiante inunda la habitación.


Camino descalza entre los lienzos y los pinceles desparramados por el suelo, toda la pared estaba inundada de color violeta. Preparo un exprimido de naranjas y leo la portada del diario Clarín sobre la mesada.



“Termina rodaje de la película Evita. La actriz estadounidense Madonna filmo la última y esperada escena en nuestra plaza de Mayo. Hoy la espera el presidente Carlos Saúl Menem en Olivos.”





Estaba acompañada por una foto de la cantante sobre el balcón de la Casa Rosada, y por debajo una multitud de actores simulando ser obreros industriales.



Recorte la foto y la pegue en la pared. A su lado también recorte y pegue otra de la cuarta página del diario, donde los verdaderos obreros especializados se quedaban sin trabajo por el cierre de fábricas y mantenían una huelga de cuatro meses. Uno de los delegados llevaba una pechera con el rostro de Evita.

Lo encerré en un circulo de pintura amarilla en un solo pincelazo, y lo bautice  “Madonna & Evita Perón “.



Encendí media tuca de porro que había quedado de alguna noche anterior y me quede sola en mi habitación,  observando mi pared, llenándome del sol de la ventana del noveno piso, donde solos los pájaros podían verme reír o llorar cada noche o cada día.

Siento golpear de nuevo mi puerta, y me acerco a abrir más relajada. Es otro chico que dice ser el vendedor de periódicos,  le digo que ya se lo compre a otro chico que me parece raro. Me miro y sonrió, yo no llevaba casi ropa, sonreí yo también, me tape y cerré la puerta.
                                          

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Pedaleo la ultima cuadra a toda velocidad y dejo sobre la escalera del edificio una pila de diarios viejos. Paso apurado entre los vecinos y al ver la cola del ascensor seguí mi paso hasta las escaleras.

Sobre la mesa hay ropa apilada para lavar, y una nota de mi padre diciéndome que esa noche volvería tarde. Deje todas mis cosas y fui directo a mi habitación, donde luego de romper la oscuridad con un pequeño velador escondido, acomode mi telescopio desde mi ventana.

Acerque aun más el lente y la vi de lleno a ella, cerrando la puerta y pintándose de rojo fuego los labios. Se acerco a la pared y beso un papel de diario, marcando su boca con el rouge. Apago las luces y se fue de su casa.


Pasada media hora tome coraje y fui en mi bicicleta nuevamente hacia su edificio. Dejo pasar el ascensor y subo por las escaleras, sin encontrar a ninguna persona. Era viernes. Miro hacia ambos costados, y al quedarme tranquilo de no encontrar la llegada de nadie, use por primera vez en mi vida una enseñanza de la vieja escuela técnica, la cerrajería. Forcé la puerta y al instante un perfume de mujer hizo que una presencia ausente le de relevancia a cada objeto y color de la casa.



Deje la puerta entrecerrada con mucho cuidado y después me acerque hacia al living, para tocar con mis propias manos esa pared violeta que veía desde el telescopio de mi padre hace días.

Me detuve unos segundos a leer el recorte de la pared marcado con rouge y recordé cuando había visto esos mismos actores. Al principio me volvió a dar gracia, pero solo unos instantes después me invadió una profunda tristeza.


Me lleve para mi apartamento el recorte del diario, y un marco con una fotografía en blanco y negro de su rostro, desnudando sus finas pecas.

Antes de salir con mi bicicleta de la cuadra miro para todos los costados, estoy transpirado, no veo la hora de volver a estar tranquilo y solo en mi casa.



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Suena el teléfono en el ultimo rincón de la oficina, y que nadie vaya a atenderlo me pone nerviosa. Mis viejas compañeras suelen fastidiarse cuando las apuro en su trabajo desde que soy la jefa. Mariano se fue al estudio de Rosario y el que yo haya quedado a cargo fue una cruz mas para las espaldas de su envidia hacia mí por ser joven, pero realmente por ser tan desinteresada en los temas del trabajo. Creo que por eso el me eligió.


 Todas las tardes intento no dejarme opacar por los tristes grises del trabajo, esos que oscurecen los colores que danzan en mi mente a la hora de trabajar en mi arte, sola en mi apartamento.


También intento en las búsquedas de esos colores amarme a mí misma, para tener fe de que cuando el amor vuelva a plantarse delante de mío, poder reconocerlo. O quizás no, quizás realmente quiero amarme a mi misma solamente, sé que es un color por conocer.



Suena el teléfono una vez más y alguien se acerca a atenderlo. Me dicen que es para mí, y cuando escucho que esa voz dice ser un policía quedo helada por unos segundos. Habían forzado la puerta de mi apartamento, el portero se había dado cuenta hacia media hora y me requerían para que vaya a verificar que elementos me habían robado y erradicar seguramente la denuncia.



Cuando llegue al apartamento no encontré más que mi desorden de siempre. Reconocí solamente que faltaban mis recortes de la pared del living, pero no eran lo suficiente para erradicar una denuncia, más cuando ni siquiera habían tocado el dinero que había sobre la mesa de luz.
Todo me pareció extraño así que cuando la policía se despidió no busque otro plan más que pasar la noche acompañada por el temor.




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Esa noche en la que mi padre no estaba, no la mire por el telescopio ni una sola vez.


Pase las primeras horas pintando las paredes de mi habitación con acrílicos que me lleve de su apartamento, el mismo violenta era el fondo ideal para crear de nuevo ese perfume entre mis cuatro paredes.



Pegue la fotografía de su rostro en el centro de la pared, y a su alrededor un trozo del recorte con la figura de Madonna, y al otro lado una estampita de Evita Perón. A ambas las encerré con un círculo de pintura amarilla.



Me siento unos minutos a mirar mi pared, y luego tomo el otro recorte, el de la fábrica en huelga, y escribo unas líneas.

Junto voluntad y voy en mi bicicleta hacia el apartamento de la vuelta por tercera vez.



………………………………………




Hace solo treinta minutos que terminamos de hacer el amor, y mi compañía de esa noche ya había terminado de bañarse y estaba listo para largarse. Fue en ese momento en el cual me pare para deambular por la casa, buscando como explicarle mi temor a quedarme sola, cuando vi un papel que pasaba debajo de mi puerta.


Lo miro y quedo helada. Lo llamo a el.  Era el recorte del diario que me faltaba. Miro la foto de los obreros, y cuando veo el reverso estaba escrito finamente con una pluma :

En un mundo donde las causas colectivas desaparecen, la única forma de hacer latir un corazón es el amor hacia otra persona.



Cuando se acerco a mí para ver qué pasaba, sentí el deseo interior de gritar y que no se entere, ni del grito ni de la carta. Pero no. Apenas vio el recorte del diario  se dio cuenta que era el ladrón que dejaba un mensaje extorsionador, agarro su campera del seleccionado olímpico y bajo corriendo las escaleras en su búsqueda.


Me quedo unos minutos pensando en el apartamento junto a mi soledad, y me doy cuenta que sería muy cobarde si no me arriesgo a tratar de averiguar quién era mi poeta secreto.


Bajo por el ascensor y al llegar al palier veo por los vidrios que mi amante del gimnasio corría doblando la esquina.

Cuando llego hasta allí, veo como desfiguraba a golpes en el piso al presunto ladrón, con golpes de puno y anillos de metal. Sentí en mi corazón como toda esa furia que salía de su cuerpo, era la testosterona de su propia hombría, y en ese hecho solo buscaba diversión, no el defender mi honor.

Me acerque asustada y le pedí por favor que pare, que se detenga. Al ver con mis ojos que cada palabra de mi voz aumentaba el tamaño de su sonrisa, y la fuerza de cada golpe, decidí tirarme arriba de él y darle una fuerte patada.

En menos de un segundo su cuerpo quedo fuera de sí, y me alejo de un fuerte cachetazo. Caí al piso, el se detuvo ahí, quieto, dándose cuenta el error que había cometido al golpear a la mujer que defendía. Todo lo heroico de su acto anterior quedaba en la ruina.


Se aleja lentamente diciendo que había sido una estúpida y que me olvidara de él. Sobre el ladrón misterioso ya no tendría que preocuparme, yacía desmayado a golpes en el piso.




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Cuando desperté luego de tres semanas, estaba acostado lleno de tubos en la cama de un hospital.

En los días siguientes, fui recuperando la memoria de lo ocurrido, y luego me dejaron volver a mi casa.


Mi padre me dijo que una chica había llamado a gritos una ambulancia en la calle por mí. Me pregunto qué había pasado, porque la chica no había hecho ninguna denuncia, dijo que no me conocía. 

También me comento que la chica se había interesado en mi, habían tomado un café en nuestra casa para comentarse como habían ocurrido los hechos según ella, mientras las cosas estaban graves.

En ese mismo momento me levante de mi silla y fui hacia mi habitación, ante la mirada atónita de mi padre.

Vi en el centro del fondo violeta de la pared un recorte de diario pegado.

Era de tres días después de la golpiza, en el rezaba escrito con una 
birome junto a un numero de telefono :


if i ran away, I'd never have the strenght to go very far ...
How would they here the beating of my heart?







martes, 21 de mayo de 2013

MARIA ELENA IN KRAJINA


Rara vez había sentido esta sensación, y si me hubieran preguntado ayer, tal vez entre confidencias, habría dicho que nunca. Quizás recién al sentirla pude comprobar que ya había estado allí, y que ese lugar era el primero donde estuve, del que tuve que huir, y que ahora bajo el humo de esta plaza de Basilea, el peso de formar una nueva vida llegaba a su fin.

Vivo en esta ciudad suiza desde hace diez anos, cuando la guerra de los Balcanes hacia poco que me había retirado de mi lugar de origen, La Republica Serbia de Krajina( ex territorio serbio de Croacia) .

Fue durante la caída del comunismo, que las repúblicas de mi país, Yugoslavia, estaban armadas de pie por civiles y militares.  Naci en Belgrado, Serbia, pero con tan solo seis anos me mude a Croacia, por el trabajo de mi padre. Hasta hacia pocos anos, nunca había tenido problemas por ser serbio en mi país, de hecho casi el 25% de la población era como yo, ya que después de la Segunda Guerra Mundial,  El Mariscal Tito unió a las repúblicas de Serbia, Montenegro, Macedonia, Eslovenia, Bosnia y Croacia. No existían las fronteras.


Cuando la década del 80 llegaba a su fin, me convertí por fin en un adulto. El mundo de acero de mi país se desintegraba. Los dos países mas fuertes entraron en disputa. Serbia reclamaba su territorio anterior a la guerra, ocupando casi todos los países. Croacia quería independizarse.

Ese dia se jugaba uno de los últimos clásicos de football en la por entonces liga yugoslava, el Dinamo de Zagreb versus Estrella Roja de Belgrado.  El partido era en Croacia, y con los muchachos del Estrella fuimos armados hasta los dientes. Dentro de la cancha el encuentro termino cero a cero, pero las cosas mas importantes para el países y para nosotros sucedia en los alrededores del estadio. Nuestra parcialidad mayor , Los Heroes Del Estrella, amparados por el nuevo jefe paramilitar, Arkanovi Tigrovi, fueron a destrozar todos los alrededores y calentar el clima previo a la guerra civil que comenzaría dos anos después.

Mientras se incendiaban autos y se robaban banderas, vimos como un grupo de hinchas no radicalizados del Dinamo intentaban alejarse del estadio sin querer tener ningún problema con ningún serbio. Escapaban queriéndola proteger a ella, un ángel de cabellos rubios y de piel blanca como la pureza, marca de nacimiento que la hacia muy bella, a carga de una cruz pesada en un mundo donde mandamos los machistas.

Cuando paso frente a mi, quizás por el destino o por mi mirada, nuestros ojos hicieron contacto. Viéndola tan solo unos segundos en mi vida, supe que era de esas clase de mujeres que nunca iba a tener en la vida, era muy bella y encima era de Zagreb. Le dije un cumplido subido de tono, como se acostumbra alrededor de los estadios, y ella intento evitarme con su mirada nuevamente y seguir caminando. Senti vergüenza delante de los demás compañeros, pensé que ese rechazo era el símbolo de todo lo que me lastimaba, un amor perdido transformado en inalcanzable, y una gran patria que se desintegraba por gente que quería apropiarse de nuestro propio territorio.


Al cabo de unos segundos mas la temperatura de mi cuerpo y mi alma estallo de violencia, y la perseguí hasta alcanzarla y decirle que era una basura, que cualquiera cosa que fuera en la vida seria una escoria. Sus compañeros, llenos de dolor, no se atrevieron a defenderla, eramos mas y estábamos armados. Siguieron en silencio y nosotros festejamos. Una anécdota mas del orgullo serbio.

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En junio de 1991 Croacia declara la independencia de Yugoslavia. El ejercito Yugoslavo, bajo las ordenes serbias, comienza la guerra civil y bajo un gran brazo armado radicalizado, mantiene la delantera en la contienda realizando actos de genocidio y destruyendo todas las ciudades.


En 1995, cuando interviene EEUU a favor de Croacia, Krajina mi patria fue destruida. Las nuevas autoridades croatas se tomaron su revancha. 
 250 mil personas serbias, entre las que estoy incluido, fueron desalojadas violentamente por militares y desposeídos de todas sus propiedas, otras miles fueron asesinadas, en tan solo 48 horas.



Esa tarde que la vi pasar de vuelta por enfrente mio en esa plaza suiza, luego de tantos anos, sentí en su mirada como el dolor que había provocado mi orgullo, era el mismo con el que me habían  lastimado.

Cuenta la leyenda que  dios y el diablo son parecidos, el cielo y el infiero son iguales, y es todo una cuestión de fe.







martes, 23 de abril de 2013

LA MALDICION DE LA ISLA DE SKORPIOS I



.-Me llamo Aristóteles Sócrates Onassis, y naci en Esmirna, un 15 de enero de 1906.
….
.-En el momento de mi nacimiento, Esmirna tenía una gran proporción de griegos entre sus habitantes, en el 19’ , cuando la primera guerra mundial borro del mapa al Imperio Otomano. Mi familia, principal tabacalera de Grecia e influyente en toda Europa, tuvo que exiliarse a Sudamérica.

Del otro lado del sillón, un periodista alquilado, delante de un grupo de trabajo de camarógrafos asiente y escucha en silencio.
.-Si señores, recuerdo esas tardes en Buenos Aires cuando por Avenida Libertador daba mis primeros pasos, rumbo al reencuentro del destino de mi familia … como ya le dije a su colega de TIME, hoy si vendiese mis activos Wall Street temblaría.

La revista TIME del mes de abril tuvo su rostro entre sus páginas, junto al de su esposa, Jacqueline Bouvier Keneddy Onassis, viuda del ex presidente estadounidense JFK. En ellas explicaban como se había inventado a sí mismo el “último magnate griego” , nombre con el que lo castigaba la prensa estadounidense luego de sancionarlo con multas a sus flotas de navíos, que utilizaba con bandera americana en tiempos mejores.


Todos lo comentaban en voz baja en el mundo de los multimillonarios,  era solo una coartada. Una forma de frenar al mejor aplicador del principio económico del OPM
( dinero de otras personas, en ingles) , método con el cual pedía prestamos para agrandar su flota gigantescamente, y ponía a una gran petrolera -que acepto el negocio- como garantía. El préstamo seria de la misma duración que su contrato con la petrolera.
 Cuando se pide prestado para comprar un inmueble a plazos, en realidad es a los compradores a quienes les presta el banco. Y son ellos quienes devuelven el dinero. Pero el inmueble, a fin de cuentas, pertenece al inversor (el banco).
Hoy en día es considerado el principio de la inversión inmobiliaria.


Cuando el periodista que parecía perdido bajo la sombra de Aristóteles, le pregunta sobre cómo había llegado a expandirse en el mundo de los navíos, se da por terminada la charla.
Los recuerdos de la primera esposa abandonada no serian bien vistos, hija de uno de los primeros magnates de ultramar que le abrió el mundo. Con ella tuvo sus dos únicos hijos, Alexander y Christine.


Justamente es ella, su hija Christine, quien sirve de pretexto para alejarse del grupo de filmación, dejándolos plantados con una entrevista que el mismo pagaba para lavar su imagen, para atender el llamo de su nena consentida.
Hacia algunos años que no era la única consentida de la casa, la llegada de Jacqueline, desde su casamiento en la isla privada de Skorpios, había sumado nuevas excentricidades a los gastos del multimillonario magnate.
Los gastos de la ex primera dama sumaban desayunos traídos en avión, café del Colombia, y diarios de todas partes del mundo que nunca son y ni serán leídos. Escucha los reproches de su hija y luego de cortar el teléfono, pide cortésmente al grupo de trabajo que lo disculpen pero que no es un buen día, que mañana continuara la entrevista y que el día de hoy será abonado totalmente.




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23 de Abril de 1974



.-  Apenas descendemos de la avioneta enciendo un puro y le pido a los muchachos que me dejen en soledad. No se asustan ni preguntan nada, no preciso su seguridad,  esta isla, la isla de Skorpios, es definitivamente mi lugar en el mundo. Bordeo caminando la costa del mar Jónico, y aprecio a cada paso la vista perfecta de mis arboles, la arena y el agua cristalina.


… Cuando por fin llego a la capilla de la isla, me arrodillo y estallo en lagrimas…
Allí descansa mi hijo Alexander.



De repente, como el sonido mismo de su voz, en esa noche romana de 1959, la soprano María Callas “la divina”, nos dedicaba su formidable actuación de la Tosca.


Meses después, al mirar hacia atrás, al mirar hacia mi pasado, me di cuenta lo lejos que había llegado en este mundo.  A mi lado estaba María …  Christine y Alexander ya eran lo suficiente grandes como para aceptarlo.
Su madre no. Se suicidaría un tiempo después.


Cuando pensaba en aquello, reflexione  porque tuve que cruzarme tantas locas en mi camino para sentir esos placeres de la vida. Fue entonces cuando “la divina” me respondía con un amor entregado, leal, con la voz más bella del mundo en solitario para mi, bajo cualquier luna, diciéndome que iba ser siempre mía.


María, al igual que mis únicas dos esposas, también estaba loca. Pero gracias a ese amor que hoy recuerdo cada día cometí una locura que nunca me arrepentiré.
Comprar la paradisiaca isla de Skorpios, en el mar griego, para que sea el palacio de “mi divina”.



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La maldición de la isla de Skorpios



Fue durante toda la década, la del 60, que mi patrimonio y su sombra, la fama, iban aumentado cada ano y yo me sentía cada vez más joven.

Ese ano que compre al gobierno griego la isla de Skorpios, María decidió tomarse un ano sabático para ayudarme a montar artificialmente la isla de nuestros deseos. Palmeras australianas, arenas blancas importadas, salas de puros, salas de canto, un casa sobre la parte más alta de la isla, para estar juntos.
Era el momento más alto de su carrera, y ese tiempo fuera de los escenarios duro casi una década, lo mismo que nuestra relación.

Fue durante esa misma década, mientras tramitaba mi divorcio, que escondimos en la isla nuestro mayor secreto. El embarazo de Maria nació y murió en la isla de Skorpios. Fue devastador para ella, nunca se repuso, vivió deprimida y con pastillas el resto de su vida, hasta morir bella y reconocida la mejor cantante del siglo por un ataque al corazón, por consumirlas mientras se banana en agua helada, tiempo despues de mi muerte.


Esa noche de 1965 en la que me pidió que la haga mi esposa nunca la olvidare. Estaba ingresando al mundo petrolero y al mismo tiempo recibiendo llamadas de mi hija. Me enoje y la rechacé. Decidí que era tiempo de alejarnos.


Durante tres años me dedique a ser el tipo más rico del mundo, mientras María intentaba reconstruir su carrera con una voz perdida en dolor, en hermoso dolor.


Esas tardes  navegando en las aguas cristalinas de Grecia, donde mejor me siento, lo pasábamos en familia con una mujer muy especial, que también venia junto a sus hijos.
No era una amante, sino jamás hubiéramos llegado a presentarnos en familia y ante cualquier fotógrafo espión. Era la señora Jaqueline Bouvier de Kennedy.  


Habíamos tenido relaciones solo una vez, pero no era una relación distante, era más bien parecido a las de la realeza inglesa.
Pasábamos juntos, dos viudos, cada fin de semana navegando con nuestros hijos, de la misma edad. Ella se dejo cortejar por un secreto oculto, sabía que perseguían al clan Kennedy y quería separarse de ellos, los estaban asesinando uno por uno. También quería proteger a sus hijos.
 Solo un hombre poderoso como yo podía darle esa espalda, y solo una mujer como una ella, podía darme la elegancia de una aristócrata a mi nivel, y una mejor imagen para hacer mas negocios en América.


Nos casamos el 20 de Octubre de 1968, en mi isla de Skorpios,  y así comienza la maldición de esta bella isla, la maldición de mi vida.

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El 23 de enero de 1973 fallece Alexander Onasiss, en un accidente aéreo.

Su padre, inmenso en una profunda depresión, nunca se repuso. Solo 24 meses también fallece.

La isla de Skorpios fue, durante la década siguiente, la casa para tomar el te y dar entrevistas sobre su vida como ex primera dama. Jaqueline O. hizo su papel de viuda para cobrar su tercera parte de la herencia, en grande disputas legales con Christine.


Cuenta la leyenda, que en Octubre de 1973, meses después de la muerte de Alexander, cuando Aristoteles buscaba por todas las ciudades del mundo a su Divina para llorar en sus pechos, ella acepto verlo bajo la luna de Paris, e hicieron el amor por ultima vez. Nunca lo perdono, y nunca volvieron a encontrarse físicamente.