Rara vez había sentido esta sensación, y si me hubieran
preguntado ayer, tal vez entre confidencias, habría dicho que nunca. Quizás
recién al sentirla pude comprobar que ya había estado allí, y que ese lugar era
el primero donde estuve, del que tuve que huir, y que ahora bajo el humo de
esta plaza de Basilea, el peso de formar una nueva vida llegaba a su fin.
Vivo en esta ciudad suiza desde hace diez anos, cuando la
guerra de los Balcanes hacia poco que me había retirado de mi lugar de origen,
La Republica Serbia de Krajina( ex territorio serbio de Croacia) .
Fue durante la caída del comunismo, que las repúblicas de mi
país, Yugoslavia, estaban armadas de pie por civiles y militares. Naci en Belgrado, Serbia, pero con tan solo
seis anos me mude a Croacia, por el trabajo de mi padre. Hasta hacia pocos
anos, nunca había tenido problemas por ser serbio en mi país, de hecho casi el
25% de la población era como yo, ya que después de la Segunda Guerra
Mundial, El Mariscal Tito unió a las
repúblicas de Serbia, Montenegro, Macedonia, Eslovenia, Bosnia y Croacia. No
existían las fronteras.
Cuando la década del 80 llegaba a su fin, me convertí por
fin en un adulto. El mundo de acero de mi país se desintegraba. Los dos países
mas fuertes entraron en disputa. Serbia
reclamaba su territorio anterior a la guerra, ocupando casi todos los países.
Croacia quería independizarse.
Ese dia se jugaba uno de los últimos clásicos de football en la por entonces liga yugoslava, el Dinamo de Zagreb versus Estrella Roja de Belgrado. El partido era en Croacia, y con los muchachos del Estrella fuimos armados hasta los dientes. Dentro de la cancha el encuentro termino cero a cero, pero las cosas mas importantes para el países y para nosotros sucedia en los alrededores del estadio. Nuestra parcialidad mayor , Los Heroes Del Estrella, amparados por el nuevo jefe paramilitar, Arkanovi Tigrovi, fueron a destrozar todos los alrededores y calentar el clima previo a la guerra civil que comenzaría dos anos después.
Mientras se incendiaban autos y se robaban banderas, vimos
como un grupo de hinchas no radicalizados del Dinamo intentaban alejarse del
estadio sin querer tener ningún problema con ningún serbio. Escapaban queriéndola proteger a ella, un
ángel de cabellos rubios y de piel blanca como la pureza, marca de nacimiento
que la hacia muy bella, a carga de una cruz pesada en un mundo donde mandamos
los machistas.
Cuando paso frente a mi, quizás por el destino o por mi
mirada, nuestros ojos hicieron contacto. Viéndola tan solo unos segundos en mi
vida, supe que era de esas clase de mujeres que nunca iba a tener en la vida,
era muy bella y encima era de Zagreb. Le dije un cumplido subido de tono, como
se acostumbra alrededor de los estadios, y ella intento evitarme con su mirada
nuevamente y seguir caminando. Senti vergüenza delante de los demás compañeros,
pensé que ese rechazo era el símbolo de todo lo que me lastimaba, un amor
perdido transformado en inalcanzable, y una gran patria que se desintegraba por
gente que quería apropiarse de nuestro propio territorio.
Al cabo de unos segundos mas la temperatura de mi cuerpo y
mi alma estallo de violencia, y la perseguí hasta alcanzarla y decirle que era
una basura, que cualquiera cosa que fuera en la vida seria una escoria. Sus compañeros,
llenos de dolor, no se atrevieron a defenderla, eramos mas y estábamos armados.
Siguieron en silencio y nosotros festejamos. Una anécdota mas del orgullo
serbio.
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En junio de 1991 Croacia declara la independencia de Yugoslavia. El ejercito Yugoslavo, bajo las ordenes serbias, comienza la guerra civil y bajo un gran brazo armado radicalizado, mantiene la delantera en la contienda realizando actos de genocidio y destruyendo todas las ciudades.
En 1995, cuando interviene EEUU a favor de Croacia, Krajina mi patria fue destruida. Las nuevas autoridades croatas se tomaron su revancha.
250 mil personas serbias, entre las que estoy incluido, fueron desalojadas violentamente por militares y desposeídos de todas sus propiedas, otras miles fueron asesinadas, en tan solo 48 horas.
Esa tarde que la vi pasar de vuelta por enfrente mio en esa plaza suiza, luego de tantos anos, sentí en su mirada como el dolor que había provocado mi orgullo, era el mismo con el que me habían lastimado.
Cuenta
la leyenda que dios y el diablo son parecidos, el cielo y el infiero son
iguales, y es todo una cuestión de fe.

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