Santiago
de Chile
Se había hecho de noche, y los espacios vacios del
apartamento me hacían sentir sola. Cerré todas las ventanas y aun así sentía ese
frio. En la cocinaba el reloj marcaba ya
las tres de la mañana, y subí las escaleras en caracol hasta mi habitación a
acostarme resignada. Recién ahí sonó el timbre.
Toda mi familia estaba de vacaciones por el fin de semana
largo, descansando en la casa quinta en Mendoza, mientras que yo, la hija menor,
esperaba por primera vez a un hombre en la
casa. Éramos compañeros de curso, aunque él era dos anos mayor. Le recrimine porque había llegado a esta
hora, que ya estaba por irme a acostar, y que estuve a punto de desilusionarme,
cuando me da un beso y se mete adentro de la recepción. Me conto con enfado que
lo había demorado la policía, por pegar afiches
junto al centro de estudiantes, entorno al aniversario del referéndum
que le dijo No a Pinochet. Me dijo también que lo habían golpeado y que estaba
un poco dolorido, y yo para romper un poco el hielo de la situación, lo invite
a pasar al living que iba a hacerle unos masajes para que se relaje, y pasarle
un poco de alcohol por las heridas.
Cuando me fui a la cocina a buscar las vendas al botiquín,
me detuve a observarlo. Vi como prendió el televisor, y dio una vuelta mirando
las fotos familiares sobre el mármol, y me sentí una tonta. Cuando volví ya
estaba preparada para la pregunta, pero el comentario fue – no sabía que abuelo
era militar - , lo cual le respondí si le interesaba mucho, porque yo realmente
nunca lo conocí, y que no pienso como mi familia en torno a los temas de
interés general, lo cual genero en él una fuerte risa y la aclaración de que no
le importaba. Me acaricio el pelo y me dijo que la foto que más le gustaba era
otra que llevaba en la mano, con la amenaza de robársela, en la cual salía con
mis compañeras de modelaje. Se la quite nos reímos y nos fuimos a la
habitación.
A la semana siguiente me sentí liberada como persona, pero
los días que transcurrían y estar alrededor de mis hermanos y sus estupideces,
y el comentario crítico de todo de mi madre,
me hizo volver poco a poco a la que era antes.
Cuando volví a la escuela, mi compañero ya no estaba, había
sido expulsado por pegar afiches en la pared de la escuela en horarios
nocturnos. Nos seguimos viendo fuera de clases, pero mi existencia en ese
colegio ya no era el mismo. Me sentía falsa, sentía que solo pertenecía a esos
grupos por ser linda, o por tener dinero, o por el apellido de mi padre. Me
aleje poco a poco del modelaje hasta dejarlo definitivamente, deje de
preocuparme tanto por mi estilo, y empecé a valorar más ese nuevo espacio que
quedaba vacante en mi mente. Por
supuesto que genero un quiebre en la relación con mis hermanos y mis padres,
nunca me comprendieron, y lo único que hicieron fue tildarme de ideas
comunistas o de hippie estúpida, por palabras de mi hermano mayor, y su opinión
hicieron que me alejara mas y mas de lo que conocía hasta ese momento , e
intente gracias a las libertades que tenia, de conocer el porque de las cosas
que pasaban a mi alrededor .
Cuando me gradué de secundaria, mis padres pudieron mandarme
a estudiar a la universidad de arquitectura.
Los padres de mi compañero no. La universidad en Chile es privada, y más allá
de las buenas calificaciones, el gobierno de Pineyra le negó su beca en
estudios económicos por el solo hecho de aquella protesta.
Cuando paso eso, al cabo de unas semanas, el comenzó a
distanciarse de mí, y por mi desesperación le empecé a seguir a todos los lados
que frecuentaba. Una tarde de invierno me despecho diciéndome que era una
maniática hija de militar, que solo quería comerme una de un zurdo para lavarme
las culpas, y que lo único que sabía hacer bien era dibujar casitas para la
gente rica como una estúpida.
Nunca volví a verle y nunca me repuse de ese vergonzoso y
humillante desplante. Me sentí descolocada y me concentre nada mas que en mis
estudios. No encontraba forma de dejar acercar a ninguna persona sin que pronto
dejara de interesarme. Al mismo tiempo no podía lograr acercarme a las personas
que me gustaban porque mi comportamiento estaba influenciado por esas palabras,
y por la necesidad de buscar un amor exacto al que tenia.
Ahora estoy cursando mi tercer año en la universidad, y a
principios de este invierno, conocí un hombre en el gimnasio de la universidad,
en el centro de Santiago.
Le permití conocerme, y lo lleve a mi casa. Quedo muy
impresionado por el lujo, aunque me dijo que no le importaba, y que solo quería
hacerme el amor. Tenía su cuerpo bien entrenado, me adoraba, y la pasábamos muy
bien. Pero luego de vernos tres veces, empecé a acosarlo con mensajes de texto,
diciéndole que era un estúpido, que no estaba a mi altura, que no la había
pasado tan bien. Lloraba de bronca y de dolor mientras las escribía en mi
habitación, mientras del otro lado en ves de recibir insultos, recibía
comprensión y preguntas. El solo quería estar conmigo.
El invierno termino, y el de dolor ya termino conmigo. Pero
espero que pueda encontrar esa otra persona en alguna otra estación del año ... Con esa limpieza del alma que solo trae una nueva primavera
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