viernes, 1 de noviembre de 2013

LO QUE TRAE LA PRIMERA EN CHILE

Santiago de Chile

Se había hecho de noche, y los espacios vacios del apartamento me hacían sentir sola. Cerré todas las ventanas y aun así sentía ese frio.  En la cocinaba el reloj marcaba ya las tres de la mañana, y subí las escaleras en caracol hasta mi habitación a acostarme resignada. Recién ahí sonó el timbre.

Toda mi familia estaba de vacaciones por el fin de semana largo, descansando en la casa quinta en Mendoza, mientras que yo, la hija menor, esperaba por primera vez a un hombre en la  casa. Éramos compañeros de curso, aunque él era dos anos mayor.  Le recrimine porque había llegado a esta hora, que ya estaba por irme a acostar, y que estuve a punto de desilusionarme, cuando me da un beso y se mete adentro de la recepción. Me conto con enfado que lo había demorado la policía, por pegar afiches  junto al centro de estudiantes, entorno al aniversario del referéndum que le dijo No a Pinochet. Me dijo también que lo habían golpeado y que estaba un poco dolorido, y yo para romper un poco el hielo de la situación, lo invite a pasar al living que iba a hacerle unos masajes para que se relaje, y pasarle un poco de alcohol por las heridas.


Cuando me fui a la cocina a buscar las vendas al botiquín, me detuve a observarlo. Vi como prendió el televisor, y dio una vuelta mirando las fotos familiares sobre el mármol, y me sentí una tonta. Cuando volví ya estaba preparada para la pregunta, pero el comentario fue – no sabía que abuelo era militar - , lo cual le respondí si le interesaba mucho, porque yo realmente nunca lo conocí, y que no pienso como mi familia en torno a los temas de interés general, lo cual genero en él una fuerte risa y la aclaración de que no le importaba. Me acaricio el pelo y me dijo que la foto que más le gustaba era otra que llevaba en la mano, con la amenaza de robársela, en la cual salía con mis compañeras de modelaje. Se la quite nos reímos y nos fuimos a la habitación.


A la semana siguiente me sentí liberada como persona, pero los días que transcurrían y estar alrededor de mis hermanos y sus estupideces, y el comentario crítico de todo de mi madre,  me hizo volver poco a poco a la que era antes.

Cuando volví a la escuela, mi compañero ya no estaba, había sido expulsado por pegar afiches en la pared de la escuela en horarios nocturnos. Nos seguimos viendo fuera de clases, pero mi existencia en ese colegio ya no era el mismo. Me sentía falsa, sentía que solo pertenecía a esos grupos por ser linda, o por tener dinero, o por el apellido de mi padre. Me aleje poco a poco del modelaje hasta dejarlo definitivamente, deje de preocuparme tanto por mi estilo, y empecé a valorar más ese nuevo espacio que quedaba vacante en mi mente.  Por supuesto que genero un quiebre en la relación con mis hermanos y mis padres, nunca me comprendieron, y lo único que hicieron fue tildarme de ideas comunistas o de hippie estúpida, por palabras de mi hermano mayor, y su opinión hicieron que me alejara mas y mas de lo que conocía hasta ese momento , e intente gracias a las libertades que tenia, de conocer el porque de las cosas que pasaban a mi alrededor .




Cuando me gradué de secundaria, mis padres pudieron mandarme a estudiar a la universidad  de arquitectura. Los padres de mi compañero no. La universidad en Chile es privada, y más allá de las buenas calificaciones, el gobierno de Pineyra le negó su beca en estudios económicos por el solo hecho de aquella protesta.


Cuando paso eso, al cabo de unas semanas, el comenzó a distanciarse de mí, y por mi desesperación le empecé a seguir a todos los lados que frecuentaba. Una tarde de invierno me despecho diciéndome que era una maniática hija de militar, que solo quería comerme una de un zurdo para lavarme las culpas, y que lo único que sabía hacer bien era dibujar casitas para la gente rica como una estúpida.

Nunca volví a verle y nunca me repuse de ese vergonzoso y humillante desplante. Me sentí descolocada y me concentre nada mas que en mis estudios. No encontraba forma de dejar acercar a ninguna persona sin que pronto dejara de interesarme. Al mismo tiempo no podía lograr acercarme a las personas que me gustaban porque mi comportamiento estaba influenciado por esas palabras, y por la necesidad de buscar un amor exacto al que tenia.

Ahora estoy cursando mi tercer año en la universidad, y a principios de este invierno, conocí un hombre en el gimnasio de la universidad, en el centro de Santiago.
Le permití conocerme, y lo lleve a mi casa. Quedo muy impresionado por el lujo, aunque me dijo que no le importaba, y que solo quería hacerme el amor. Tenía su cuerpo bien entrenado, me adoraba, y la pasábamos muy bien. Pero luego de vernos tres veces, empecé a acosarlo con mensajes de texto, diciéndole que era un estúpido, que no estaba a mi altura, que no la había pasado tan bien. Lloraba de bronca y de dolor mientras las escribía en mi habitación, mientras del otro lado en ves de recibir insultos, recibía comprensión y preguntas. El solo quería estar conmigo.


El invierno termino, y el de dolor ya termino conmigo. Pero espero que pueda encontrar esa otra persona en alguna otra estación del año ... Con esa limpieza del alma que solo trae una nueva primavera


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