martes, 8 de septiembre de 2015

LA CHICA DE LOS LUNES

No había para la chica popular, otro día que se pareciese al lunes. Viajando con su padre desde el barrio privado donde su mudó hacia el colegio, una charla banal acompañaba la despedida, banal como todo lo que encerraba ese coche, pensó mientras maquillaba su rostro en el espejo del vehiculo.


Al entrar al salón veinte con veinte minutos de retraso, como cada vez que venía de tan lejos, no recibió más que el escarmiento de su maestra, y el chiflido de sus compañeros. Pero instantes después, por el contrario, cuando ingresó un joven recientemente inscripto, nacido en el Perú, el grueso de los chicos abucheó y maltrató prolongadamente. Incluso el resto de las chicas aprobó lo cometido con risas cómplices.


Más tarde, ese mismo día, cuando la señorita solicitó permiso para ir al baño y abstraerse de una aburrida clase botánica, observó como en el patio de deportes el resto de los chicos aplastaba a pelotazos el rostro del joven que esa mañana había llegado tarde con ella. Se quedó mirándolo todo, como petrificada, hasta que notaron su presencia. Algunos comenzaron a chiflarle y decirle cosas subidas de tono, y de a poco todos los violentos giraron su cabeza para verla. Recién ahí el profesor de educación física detuvo la clase y auxilió al joven.



Ese atardecer, lejos de las obligaciones del aula, cuando un cielo anaranjado se despedía del áurea con el sol, la chica más popular del colegio estaría, saldría, estaría saliendo, del departamento del chico más ganador de la escuela. Sería el romance escolar del año, imaginaba que comentaban sus compañeras más envidiosas. Caminar por la cantina del recreo sería como cuando Michael Jackson acompaño a Madonna a cantar a la entrega de los premios Oscar, había soñado ella. Pero nada fue así.



De hecho, su novio había sido tan perverso y descortés con ella, aprovechando su total entrega, que su cuerpo parecía llorar un río acaudalado de vergüenzas, conteniendo las lágrimas para que nadie notase lo infeliz que era.


Cuando subió al ómnibus rumbo a la casa de su madre, como cada lunes, sorpresivamente vio a su compañero agredido sentado junto a la maquina de abonar pasajes, pero al cruzar sus miradas, el corrió apresurado su vista hacia la ventanilla.


Nunca habían hablado, ella permanecía siempre rodeada de las chicas que reían las burlas que él recibía, pero estaba tan triste que se sentó junto y no contuvo las lágrimas. El joven la tomó de la mano, y cualquier ojo curioso pensaría que por ese momento eran una pareja. Ella no se atrevió a contarle lo vacía que le hacían sentir su novio y amigas, pero sus manos cubiertas por las suyas la tranquilizaron hasta que su llanto cesó, y de a poco su rostro recupero levemente su color.


Casi no hablaron, y a las pocas cuadras él acusó que debía bajarse. Le besó las manos, y le dio un fuerte abrazo que sonó a despedida. Media hora después, caminando rumbo a la casa de su madre, ella se miró frente al espejo de un local de ropa. Se sorprendió de volver a verse linda después de lo que había ocurrido.



Al día siguiente, cuando llegó temprano al colegio, estaba agazapada en su pupitre esperando la ocasión para defenderle ante el primer abuso o burla que recibiera. Estaba dispuesta a perder toda la reputación y el respeto de aquellos niños que le perdonaban la vida por ser linda, y maltrataban a quien se pusiere sobre su paso. Pero el joven nunca apareció. La noche anterior no había podido dormir, atormentada entre las sábanas, pensando que quizás ese chico que le hizo sentir bien todavía sospechase que ella era igual a los demás, por todo el tiempo que había ignorado lo que pasaba e incluso haberse reído por compromiso.


El resto de la semana siguió sin asistir, y a ella todos le decían que estaba rara. Ese finde, prefirió quedarse donde su madre debido a las fuertes tormentas. En su computador, colgó en las redes sociales las fotos en que salía más bonita, acompañadas por pequeñas frases que contenían sus mas grandes sentimientos sobre la vida. Tuvo decenas de aprobaciones en minutos, pero todos reparaban en que estaba hermosa, que su ropa estaba a la moda, que las playas que habia visitado ese verano con su padre eran geniales.




Ese lunes, durante el desayuno, notificaron a su casa la suspensión de las clases debido al suicidio de uno de sus compañeros. Ella recordó ese abrazo en el colectivo una vez más, y una parte de su alma quedó atrás para siempre.


Se encerró en su habitación el resto de la semana, y leyendo el periódico se indigno a ver que nada publicaban sobre el acoso que sufría sistemáticamente. Escribió una nota de opinión en las redes sociales acusando la doble moral de sus compañeros y de la institución. Tenía tantos “amigos” que se viralizó rapidamente, y ese domingo sus palabras se reprodujeron en las paginas de los diarios de tirada nacional. Estaba desayunando sin poder creerlo, junto al Clarín sobre la mesa, cuando se sintió aliviada de que sus palabras hayan borrado de su cuerpo esa sensación de culpa que cargaba. Se dio cuenta que la belleza era un estado del alma, y que no se necesitaban espejos para comprobarla. Podía hacer fuerza y sentirse triste, tener ganas de haberse dado cuenta antes, pero quizá nada hubiera cambiado, quizá solo así como se dio, ese joven viviría por siempre en ella.



El lunes que tuvo que regresar a la escuela, la chica popular sintió en carne propia lo que es que todos la odien. El resentimiento por exponer la verdad en los diarios provoco que la golpearan sus amigas, que la escupieran su compañeros, que los adultos ignoraran lo sucedido e incluso que su novio se riera de lo que pasaba.


Cuando el matutino local, el único que cubrió este caso tituló ,   la golpearon por ser linda , no pudieron estar más en lo cierto.


Un chico se llevó para siempre un recuerdo de la chica de los lunes ….


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