lunes, 12 de mayo de 2014

DE UN VERANO A OTRO




Si tengo que recordar esos primeros momentos, tendría que buscar y hondar en mi corazón algún recuerdo que justifique “la locura del amor”



Elegí entonces esa tarde de verano, en la que bajo un sol radiante fuimos caminando desde la casa de su sobrinito hasta el apartamento de mi padre, donde hicimos el amor una de nuestras primeras veces. Recuerdo que su rostro era más pequeño e infantil por ese entonces, y que me recibió vestida con un buzo mío del canalla que le quedaba enorme.




En el día de hoy, ya hace casi cinco anos de aquellas jornadas, en las que cambiaron muchas cosas menos el calor del verano.


Fue justamente a cientos de cuadras de Berenice, las chica más bonita que conocí, y a mas años de separados que de juntos, que tome conciencia de que ya era hora de contar esos momentos que ella no pudo presenciar sobre mi corazón.



Entonces comencé de nuevo por el otro principio, el principio del fin. Cuando empezamos a vivir nuestras vidas uno separado del otro.



Fue así que sentí en carne propia lo que es la decepción con uno mismo, al no poder verse reflejado en uno los sueños e ideales de la adolescencia.



Hoy aclaro, con las marcas de mi piel ya curtidas, que el cambio que produjo en mi fue para bien, fue positivo. Me permitió ver lo equivocado que estaba con respecto a lo que yo creía que era bueno o era malo.



Y así empecé, todo de cero, una nueva forma de vida pero con el mismo cuerpo y en el lugar de siempre. Y justamente mi primera prueba fue el trabajo en una fábrica de amortiguadores de autos, que me permitiera independizarme.



A la primera quincena que cobre ya estaba solo, y me di cuenta de cuánto tiempo había desperdiciado en palabras bonitas de amor en vez de juntar el dinero que le permitiera a la mujer que amaba hacer nuestra vida ante cualquier inconveniente en un cielito de dos.



Me di cuenta también que sin querer el tiempo pasaba, y ese verano caluroso  bajo el sol de la Bere, se fue apagando lentamente hasta dejarme solo, enfriar las mañanas, y hasta cubrir de hojas amarillas las calles por el Otoño .



Esos mismos arboles que se deshojaban, eran los que me veían trotar por el parque cada tarde antes de mi turno nocturno, en la máquina de tornos. Recordaba siempre para tomar más voluntad, las imágenes en las que había destruido el cariño que ella tenía por mí, como si un mazazo a un precioso diamante me daría más potencia.



Fue así que durante esos meses, mientras mas frio hacia, mas me dedicaba a aislarme e ir a trabajar. Todos los esfuerzos por salir adelante, o quizás intentar volver a enamorarme, parecían estar a la vuelta de la esquina, pero cuando llegaba a mi casa estaba tan cansado que solo podía perderme entre algún humo y dormir y soñar.



Esos fueron los motivos por los cuales una noche cualquiera, quizás harto de la monotonía de la soledad, decidi volver a tirar tordo por la borda.



Renuncie a mi trabajo, y me aleje en silencio de mis nuevos compañeros de todas las noches, que tanto me habían ayudado a ser otra persona.



Guarde el dinero de mi indemnización cuidadosamente, y me pase el invierno entero en mi nueva habitación pensando solamente en aquellos momentos bellos de mi vida, contrariamente a los meses anteriores. Así fue que me di cuenta que hasta en los momentos más bajos, siempre la quise, porque entendía que lo que había pasado había sido culpa mía, que no la había cuidado como le prometí, y que nunca iba a sentir realmente el dolor como esa personaba que yo tanto amaba.; y reconociendo mis pecados, pude sentirme liberado, aunque sin querer ser un careta religioso, todo pasaba por dentro.




Mientras el frio se acrecentaba, y la primavera parecía estar cada día mas lejos, me dedique también a escribir al papel, con éxito entre mis íntimos, historias imaginarias de chicos y chicas de mi edad alrededor del planeta, en lugares que nunca conocí, sufrimiento y disfrutando los mismos amores que yo.




Entonces llego un día que me canse, comencé a sentir mucho calor, no podía imaginar nada mas, y me dieron ganas de volver a salir afuera.




Vi las primeras flores en los arboles, por las ventanillas del colectivo 112 negro, y por la cantidad de estudiantes sueltos, supe que era el primer día de la primavera.




Mis amigos me recibieron con los brazos abiertos, luego de mi exilio, y comprendieron el dolor de lo que sentí en mi corazón. Saben que nunca puedo sacármelo de la cabeza, y que cada vez que vemos pasar un culo lindo me acuerdo inexorablemente de ella. Lo saben y nunca me dicen nada, por eso los quiero.




Ese día fuimos a festejar a la Florida, y entre la arena la vi a 
Bere besándose con otro chico, vestida de Central, diciéndole gracias y que lo amaba.




Entonces me di cuenta lo injusto y lo ridículo que sería si me acercase a querer decirle todas las cosas que escribía pensando ella, cuanto me inspiraba, cuanto la quería y respetaba. Yo me conforme en ese momento con que si ella era feliz , yo también lo estaba, Después de no haber estado a la altura, aunque sin querer ser duro conmigo, sabía que no tenía derecho a impedirle empezar una nueva vida.






Esa primavera me permitió volver a permitirme hablar con el corazón a otra mujer, y sentí que era como un reloj que le volvían a pendular las agujas. Era más alta que yo, y  al contrario que mi antiguo amor, es más grande que yo por la misma cantidad de años que yo de Bere.





El día que me pregunto porque escribía y le conté mi historia se puso muy celosa y nunca más fue la misma conmigo, fue como que ella rompió un cristal entre nosotros.


El verano llego de vuelta, y un calor inmenso derrite a la ciudad y los corazones, e inventando mil excusas intento buscarme de vuelta con otro amor en la vida, o con el amor mismo.




¿Qué siento?




Que la vida es lo que lleva de un verano a otro, de un recuerdo de Berenice a otro, de un nuevo amor a otro

 ….








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