Me llamo Cecil Kurnetzova, y en una mañana de martes me sucedió
una oportunidad jamás pensada en la vida.
Me desperté casi al mediodía, como siempre, en mi
apartamento cercano a la plaza roja de Moscú, prepare mi cabello y mi mejor
cara frente al espejo para una entrevista de trabajo muy esperada, y me despedí
de mi gato que ya estaba próximo a cumplir los diez anos.
Apure el paso para olvidarme de la nieve, y cuando entre a la
oficina del estado ni llegue a sacarme mi sobretodo que varios peces gordo del
gobierno me recibían calurosamente. Por momentos estaba muy confundida, pero a
medida que leían mi curriculum académico y deportivo, mas mis trabajos como
ingeniera, sospeche que me estaban convocando para trabajar en los aparatos de
la próxima campaña rusa de hombres en el espacio, la última noticia de los
diarios locales para contrarrestar el amarillismo de China y América.
Menos podía
creer que era cierto todo eso cuando me dijeron que no era solo que necesitaban
de mí, sino alguien como yo, según ellos bonita e inteligente, que represente
la primer mujer rusa del siglo 21 en volar al cosmos, para los viajes del 2017,
conmemorando el aniversario de la primer mujer en el cosmos soviética de 1967.
Cuando pasaron las horas y estaba sola en mi casa sin contar
a nadie la noticia, me sentía la mayoría del tiempo con más miedo que
felicidad. Entonces llame por teléfono a mi madre y entre lagrimas le conté la
noticia. Ella vive a algunas horas de Moscú, pero apenas corto el teléfono tomo
el primer vuelo hacia la capital, y yo crucé en mi bicicleta a buscarla entre
la fina nieve al aeropuerto, aunque después sin pensarlo no teníamos como
volvernos, estaba muy nerviosa y nos reímos mucho.
Apenas nos sentamos en los sillones a tomar un chocolate caliente,
pude ver en lo cálido de sus palabras los sueños de una madre verse reflejados
en su hija. Ella había nacido cerca de la capital en un pueblo lleno de
industrias militares, terminada ya la segunda guerra mundial. Poco a poco se
fueron vendiendo cada vez menos armas, y a medidas que ella fue creciendo era
la mujer más bella y deseada de la ciudad. Ella siempre se mantuvo ‘pura e
inocente’ como eran las reglas de la época, buscando progresar porque era muy
aplicada en artes y matemáticas. Pero un capitán del ejército se caso con ella
y nunca más tuvo voz ni voto. De ese fruto nacieron mis dos hermanos. Mucho tiempo
después nací yo. Cuando nos acercábamos a la puerta nos despedimos fríamente como
siempre, pero antes de cerrar mi madre se quebró y me dio un abrazo y me regalo
su tapado de piel.
Horas después de que se vaya a recorrer el centro de la
ciudad, crucé la plaza roja a comprar unas botellas de vodka y de champagne,
cuando me detuve a pensar un poco y fumar un cigarrillo. Ahí fue que repare en
una pareja de adolescentes, con aretes y ropas de rock, algo cuestionado por
estos tiempo desde el escándalo en la iglesia. Me dieron ternura, y entonces me
di cuenta que aunque fuera la única mujer que saldría de orbita hacia el
cosmos, nunca había sentido el amor como cualquier chica corriente.
Termine mi cigarrillo y prendí otro, con la promesa de
seguir mi mandado apenas lo terminase, entonces me detuve a mirar un grupo de
modelos extranjeros, con vestidos finos, sacarse fotos por la plaza. Una chica
muy dulce se aleja del grupo y un muchacho le toma una fotografía con una
simple polaroid, hasta que un guardia de seguridad se acerca a reprocharle,
pero le devuelve la fotografía.
Me acerque unos segundos después a preguntarle como estaba,
con la excusa de poder ver la fotografía y también con el valor que me daba mis
éxitos personales, porque sino raramente me hubiera acercado así a un extraño. Como
si ya existiera una conexión entre planetas me pregunto quién era, y a la pocas
palabras me regalo la fotografía sin que se la pidiese.
Sin darnos cuenta, pasamos juntos una semana entera en mi
apartamento. Nunca le conté sobre que sería la primer mujer rusa en salir en órbita.
Lo que me enamoraba de él era que estaba fascinado conmigo por el solo hecho de
cómo soy en mi naturalidad. Aunque cuando uno juega con el amor se paga con
ciertos precios …
En la noche
del miércoles 14 de mayo del 2014, la cadena nacional rusa transmitió un acto
que lanzaba el plan mujeres al cosmos.
Cuando Cecil
apareció por el prime time, su enamorado desapareció del apartamento y nunca
supo de él.
En las
semanas siguientes de entrenamiento, el trabajo de la cosmonauta Cecil
Kutnezova fue puesto en evaluación por cuestiones físicas y psicológicas , cediéndole
el honor a la cosmonauta Tatyana Dmitrov.
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