lunes, 31 de marzo de 2014

LA MESA DE VIDRIO

Pasábamos el último fin de semana del verano en la costa de Atlantic City, y con mi amiga Mery recorríamos la playa bajo un sol que quemaba.

Caminamos hacia el final del muelle, y mientras tomábamos un refresco uno frente al otro, al costado del océano, pensé en decirle el motivo de mi visita a su nuevo hogar, pero ella se sonrió y me deje llevar por su bello rostro para seguir conversando de cualquier otra cosa.

Nos habíamos conocido en Nueva York, en un campus a la salida de la universidad. Hicimos conexión enseguida, y aunque halla abandonado el dibujo y la pintura para cambiarse de universidad, no deje de juntarme con ella porque era para mí como un pedazo más de la ciudad.

Neoyorquina de nacimiento, vivía con sus padres y sus dos hermanos en un apartamento a media cuadra de la quinta avenida. Siempre estuvo rodeada de varias amistades, desde la preparatoria, y aunque me pareciera difícil que una chica así repare en mi, su sencillez me permitía nunca perderle el rastro.



Pasaba por lo menos una vez al mes a visitarla, y cuando ella me recibía, su madre nos preparaba la mesa de vidrio gigante que estaba en el medio del comedor. En una de esas noches que nos quedábamos hasta tarde hablando y escuchando música en la computadora junto a su perro ‘lobo’, estube a punto de querer decirle lo mismo. Me invitaron a cenar junto a la familia, me contaron que la mesa había pertenecido a tres generaciones de parte de su padre, pero que gracias a su madre la rescataron de un remate en los momentos en que la familia recién prosperaba su economía y no podía darse esos lujos. Mery me conto esa noche, cuando todos se habían acostado y fuimos a pitar a la terraza del edificio sin que nadie se entere, que en esa mesa había aprendido a leer y tenia los primeros recuerdos de sus hermanos. Sin saber el por qué, me di cuenta que comprendía sus sentimientos, y le dije lo que yo sentía también profundamente cuando los lugares y las personas que uno quiere incondicionalmente van cambiando. Esa noche cuando me volvía de madrugada a esperar el tren hacia mi casa en Brooklyn, me di cuenta que me gustaba mi amiga hasta el grado de fantasear con ella.



Pero a la mañana siguiente, sentí que estaba muy lejos de eso y solo le deseaba lo mejor. Pasaron algunos meses sin vernos,  me entere que se había puesto de novia y que junto con el habían emprendido un viaje a Latinoamérica. Yo por mi parte me estaba separando de mi novia, y sentí como el haber dejado todo por ella me había hecho perder tiempo valeroso con mi familia que ya mas nunca recuperare. Pensaba a menudo en Mery y a veces hablamos por correo electrónico, pero a los pocos meses volvió de su viaje y nos reencontramos a cenar en su apartamento. No hablamos mucho porque estaba lleno de familiares y amigos en común de la universidad, pero me invito a que pasase cuando quisiese.


A la semana siguiente fuimos a pasear por Central Park y me conto mientras tomábamos una Coca-Cola que se había vuelto de su viaje porque sus padres habían decidido separarse. Yo le conteste que no era nada del otro mundo, que los míos habían hecho lo mismo hace tiempo y que se puede tener una buena relación con los dos, y eso pareció tranquilizarla. También me dijo que vivir fuera de América le había cambiado la vida, y que esos meses en el Brasil le habían abierto la mente sobre muchas en la vida. Se hizo vegetariana y abrió un puesto de comidas con su novio y que la estaban pasando de maravilla, hasta que decidieron venderlo y volverse debido a las circunstancias. Pero que en poco tiempo, apenas solucionasen todo, partirían de vuelta en viaje pero esta vez con destino a la Argentina.


Algunas noches antes que partieran hacia Buenos Aires me comunique con ella y pase a buscarla por su apartamento. Su madre me recibió junto a su hermano mas pequeño y mientras esperaba sin darme cuenta había apoyado mi abrigo en la mesa de vidrio familiar. Mientras bajábamos por el ascensor me dijo que su padre todavía estaba en la casa algunas semanas, pero que ya se había comprado una casa en un barrio privado en Atlantic City, y que la tranquilidad era perfecta, le dijo él. También me dijo que ‘lobo’ estaba un poco dolorido por la edad. .







Sin darme cuenta esa fue la última vez que nos vimos en mucho, un lustro, en los que seguí por la vida sin volver a reparar en el paradero de esa amiga.

Contrariamente a lo que presentía, había lograrme instalado en la gran manzana, y era haciendo lo que me gustaba, contar historias, y no bajo el esfuerzo de un trabajo gris y pesado. Era uno de los directores de un canal de películas para televisión contratado por un concurso de mediometrajes, tiempo atrás a dejar de ver a Mery.

Este era el relato de algunos de sus fragmentos: …










Estábamos lejos, en algún lugar bajo el sol ardiente de Sud América, esperando noticias de un teléfono en esa calurosa habitación.

Un calendario de una garota con el logo del campeonato del mundo me decía que era 31 de marzo, pero yo sabía que ya era primero de abril. Ese era mi día de plazo enviar mi telegrama con el análisis final de la situación.


Había jugado mi puesto al dueño de firma de acreedores que bajo mis estudios basados en la ciencia perfecta de la Matemática, nuestras empresas de cine en Brasil deberían dar rentas muy altas. El estaba dispuesto a venderlas a muy bajo costo a otra firma de productores que compraban todas las compañías fílmicas para que prospere la suya. Fue así que partí desde el aeropuerto a Rio de Janeiro con una sola misión.

(….)


Allí fue en esa ciudad alejada de mis libros de maceticas y de mis diplomas de Harvard en ciencias físicas y economía, que sentí que era el lugar donde mas había puesto en práctica mi sabiduría y mis temores, la práctica y la teoría.



Desde el primer día que me recibieron en un hotel cinco estrellas, anfitriado por el conductor local más famoso y cinco mujeres, hasta los cinco minutos más tarde que salí a buscar un taxi, anotando en mi libreta los gastos innecesarios, percibí que el movimiento de la gente alteraba los números de la compañía a cada segundo.


Apenas estaba por arrancar el coche de taxi cuando se abre la puerta de repente y sube una actriz secundaria de teatro de revista y dice su dirección y que la lleven primero a ella. Se seca unas lagrimas de los ojos que le corrían el maquillaje y me saluda diciéndome su nombre, Luz. Yo le conteste en ingles que sabía muy poco español, pero que mi nombre era Sr Garsinde, lo que hizo que ella se riera y me dijera que todos hablaban sobre su llegada. Me advirtió que tenga mucho cuidado con todos. Yo le pregunte por qué, y se rio de nuevo y llegamos justo a su casa. Se bajo y al darse cuenta había perdido uno de sus zapatos pisándose el vestido.

( …)


Regrese a varias semanas después a la pensión donde vivía, con la excusa de devolverle su zapato. Me había dicho en la gerencia de la compañía que había sido despedida minutos antes de que tomara ese taxi conmigo. Fue entonces que al verla me  invito a tomar el te en una mesa de vidrio dentro de su habitacion, dijo que era de su familia, entonces me sentí cómodo por primera vez en esa ciudad. Todos en aquel país Vivian la fiesta y la vida loca poniendo el cuerpo sin importarles por un minuto el dinero, al contrario que en mi país. Mis análisis sobre los números de la empresa aquí eran errados.


Pero ella me envolvió bajo sus brazos y con su suave y fina expresión me explico que de pequeña soñaba con ser actriz y ser el rostro de la próxima Katherine Hepburn, pero que todo ese encanto y elegancia  no eran percibidos por los directores con que yo me codeaba a diario.  Y me di cuenta que ella era igual que yo, no es que estuviera equivocado o que ella no fuera el rostro más bonito de la pantalla, era que yo no me animaba a vivir y ella a tener su papel.

Entonces la tome de sus hombros, la bese y rompí por primera vez con los libros de matemáticas.

( ….)


El telegrama no llego el dos de abril, ni el tres, así que decidí jugarme por lo que decía mi corazón. Planee la superproducción que iba a salvarnos en todo Hispanoamérica, y decidí que Luz fuera la actriz.

Gastamos todo el dinero que teníamos, y elegimos al mejor director surrealista de moda, pero la película solo trataba de imágenes de ella en una idea muy bonita, de una mujer sobre los origines de la tierra, cuando los cinco continentes eran una sola masa rodeada de agua, con el nombre de Panguea,


Ella vivía tranquila y feliz donde dios la había puesto, pero el movimiento hizo que todo empezara a crujir, y como en un terremoto la tierra empezó a moverse. Así fue tardando miles y miles de años hasta que se separo en los cinco continentes, África América Europa Asia y Oceanía. Y Luz se perdía ahogada en el medio del meridiano.


Cuando se bajo el telón muy pocos espectadores confundidos aplaudían, solo el director y su amante eufóricos.

Ella y yo sabíamos que en Norteamérica me iban a despedir, pero a ninguno le importo.

(….)



El mediometraje fue un éxito y comenzaron a llamarse de algunas compañías, aunque no por eso me sentía realizado o feliz.

Me sentía mejor cuando ganaba dinero de otra cosa y me dejaba volar la imaginación por placer o por amor. Fue así que muchas noches pensé que podía llegarme a hacer sentir mas allá, y poder hacer algo que deje una huella de uno en el mundo, pero de verdad.



Fue así que la busque a Mery, y me entere que había vuelto de viaje poco tiempo después de partir y sola, y que en la casa de Atlantic City, alejada de todo y frente al océano, todavía se usaba la mesa de vidrio.


Estábamos sentados en la misma cuando me decidí a decirle el motivo de mi viaje, pero ella me respondió que no era tonta y que había visto mi película, y que todo dependía de cuantas agallas tuviera.











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