Pasábamos el último fin de semana del verano en la costa de
Atlantic City, y con mi amiga Mery recorríamos la playa bajo un sol que
quemaba.
Caminamos hacia el final del muelle, y mientras tomábamos un
refresco uno frente al otro, al costado del océano, pensé en decirle el motivo
de mi visita a su nuevo hogar, pero ella se sonrió y me deje llevar por su
bello rostro para seguir conversando de cualquier otra cosa.
Nos habíamos conocido en Nueva York, en un campus a la
salida de la universidad. Hicimos conexión enseguida, y aunque halla abandonado
el dibujo y la pintura para cambiarse de universidad, no deje de juntarme con
ella porque era para mí como un pedazo más de la ciudad.
Neoyorquina de nacimiento, vivía con sus padres y sus dos
hermanos en un apartamento a media cuadra de la quinta avenida. Siempre estuvo
rodeada de varias amistades, desde la preparatoria, y aunque me pareciera
difícil que una chica así repare en mi, su sencillez me permitía nunca perderle
el rastro.
Pasaba por lo menos una vez al mes a visitarla, y cuando
ella me recibía, su madre nos preparaba la mesa de vidrio gigante que estaba en
el medio del comedor. En una de esas noches que nos quedábamos hasta tarde
hablando y escuchando música en la computadora junto a su perro ‘lobo’, estube
a punto de querer decirle lo mismo. Me invitaron a cenar junto a la familia, me
contaron que la mesa había pertenecido a tres generaciones de parte de su
padre, pero que gracias a su madre la rescataron de un remate en los momentos
en que la familia recién prosperaba su economía y no podía darse esos lujos.
Mery me conto esa noche, cuando todos se habían acostado y fuimos a pitar a la
terraza del edificio sin que nadie se entere, que en esa mesa había aprendido a
leer y tenia los primeros recuerdos de sus hermanos. Sin saber el por qué, me
di cuenta que comprendía sus sentimientos, y le dije lo que yo sentía también
profundamente cuando los lugares y las personas que uno quiere
incondicionalmente van cambiando. Esa noche cuando me volvía de madrugada a
esperar el tren hacia mi casa en Brooklyn, me di cuenta que me gustaba mi amiga
hasta el grado de fantasear con ella.
Pero a la mañana siguiente, sentí que estaba muy lejos de
eso y solo le deseaba lo mejor. Pasaron algunos meses sin vernos, me entere que se había puesto de novia y que
junto con el habían emprendido un viaje a Latinoamérica. Yo por mi parte me
estaba separando de mi novia, y sentí como el haber dejado todo por ella me
había hecho perder tiempo valeroso con mi familia que ya mas nunca recuperare.
Pensaba a menudo en Mery y a veces hablamos por correo electrónico, pero a los
pocos meses volvió de su viaje y nos reencontramos a cenar en su apartamento.
No hablamos mucho porque estaba lleno de familiares y amigos en común de la
universidad, pero me invito a que pasase cuando quisiese.
A la semana siguiente fuimos a pasear por Central Park y me
conto mientras tomábamos una Coca-Cola que se había vuelto de su viaje porque
sus padres habían decidido separarse. Yo le conteste que no era nada del otro
mundo, que los míos habían hecho lo mismo hace tiempo y que se puede tener una
buena relación con los dos, y eso pareció tranquilizarla. También me dijo que
vivir fuera de América le había cambiado la vida, y que esos meses en el Brasil
le habían abierto la mente sobre muchas en la vida. Se hizo vegetariana y abrió
un puesto de comidas con su novio y que la estaban pasando de maravilla, hasta
que decidieron venderlo y volverse debido a las circunstancias. Pero que en
poco tiempo, apenas solucionasen todo, partirían de vuelta en viaje pero esta
vez con destino a la Argentina.
Algunas noches antes que partieran hacia Buenos Aires me
comunique con ella y pase a buscarla por su apartamento. Su madre me recibió
junto a su hermano mas pequeño y mientras esperaba sin darme cuenta había
apoyado mi abrigo en la mesa de vidrio familiar. Mientras bajábamos por el
ascensor me dijo que su padre todavía estaba en la casa algunas semanas, pero
que ya se había comprado una casa en un barrio privado en Atlantic City, y que
la tranquilidad era perfecta, le dijo él. También me dijo que ‘lobo’ estaba un
poco dolorido por la edad. .
Sin darme cuenta esa fue la última vez que nos vimos en
mucho, un lustro, en los que seguí por la vida sin volver a reparar en el
paradero de esa amiga.
Contrariamente a lo que presentía, había lograrme instalado
en la gran manzana, y era haciendo lo que me gustaba, contar historias, y no
bajo el esfuerzo de un trabajo gris y pesado. Era uno de los directores de un
canal de películas para televisión contratado por un concurso de mediometrajes,
tiempo atrás a dejar de ver a Mery.
Este era el relato de algunos de sus fragmentos: …
Estábamos
lejos, en algún lugar bajo el sol ardiente de Sud América, esperando noticias
de un teléfono en esa calurosa habitación.
Un calendario
de una garota con el logo del campeonato del mundo me decía que era 31 de
marzo, pero yo sabía que ya era primero de abril. Ese era mi día de plazo
enviar mi telegrama con el análisis final de la situación.
Había jugado
mi puesto al dueño de firma de acreedores que bajo mis estudios basados en la
ciencia perfecta de la Matemática, nuestras empresas de cine en Brasil deberían
dar rentas muy altas. El estaba dispuesto a venderlas a muy bajo costo a otra
firma de productores que compraban todas las compañías fílmicas para que
prospere la suya. Fue así que partí desde el aeropuerto a Rio de Janeiro con
una sola misión.
(….)
Allí fue
en esa ciudad alejada de mis libros de maceticas y de mis diplomas de Harvard
en ciencias físicas y economía, que sentí que era el lugar donde mas había puesto
en práctica mi sabiduría y mis temores, la práctica y la teoría.
Desde el
primer día que me recibieron en un hotel cinco estrellas, anfitriado por el
conductor local más famoso y cinco mujeres, hasta los cinco minutos más tarde
que salí a buscar un taxi, anotando en mi libreta los gastos innecesarios, percibí
que el movimiento de la gente alteraba los números de la compañía a cada
segundo.
Apenas estaba
por arrancar el coche de taxi cuando se abre la puerta de repente y sube una
actriz secundaria de teatro de revista y dice su dirección y que la lleven
primero a ella. Se seca unas lagrimas de los ojos que le corrían el maquillaje
y me saluda diciéndome su nombre, Luz. Yo le conteste en ingles que sabía muy
poco español, pero que mi nombre era Sr Garsinde, lo que hizo que ella se riera
y me dijera que todos hablaban sobre su llegada. Me advirtió que tenga mucho
cuidado con todos. Yo le pregunte por qué, y se rio de nuevo y llegamos justo a
su casa. Se bajo y al darse cuenta había perdido uno de sus zapatos pisándose el
vestido.
( …)
Regrese
a varias semanas después a la pensión donde vivía, con la excusa de devolverle
su zapato. Me había dicho en la gerencia de la compañía que había sido
despedida minutos antes de que tomara ese taxi conmigo. Fue entonces que al
verla me invito a tomar el te en una mesa de vidrio dentro de su habitacion, dijo que era de su familia, entonces me sentí cómodo por primera vez en esa ciudad. Todos en aquel país Vivian
la fiesta y la vida loca poniendo el cuerpo sin importarles por un minuto el
dinero, al contrario que en mi país. Mis análisis sobre los números de la
empresa aquí eran errados.
Pero ella
me envolvió bajo sus brazos y con su suave y fina expresión me explico que de pequeña
soñaba con ser actriz y ser el rostro de la próxima Katherine Hepburn, pero que
todo ese encanto y elegancia no eran percibidos por los directores con que yo
me codeaba a diario. Y me di cuenta que
ella era igual que yo, no es que estuviera equivocado o que ella no fuera el
rostro más bonito de la pantalla, era que yo no me animaba a vivir y ella a
tener su papel.
Entonces
la tome de sus hombros, la bese y rompí por primera vez con los libros de matemáticas.
( ….)
El telegrama
no llego el dos de abril, ni el tres, así que decidí jugarme por lo que decía mi
corazón. Planee la superproducción que iba a salvarnos en todo Hispanoamérica,
y decidí que Luz fuera la actriz.
Gastamos
todo el dinero que teníamos, y elegimos al mejor director surrealista de moda,
pero la película solo trataba de imágenes de ella en una idea muy bonita, de
una mujer sobre los origines de la tierra, cuando los cinco continentes eran
una sola masa rodeada de agua, con el nombre de Panguea,
Ella vivía
tranquila y feliz donde dios la había puesto, pero el movimiento hizo que todo empezara
a crujir, y como en un terremoto la tierra empezó a moverse. Así fue tardando
miles y miles de años hasta que se separo en los cinco continentes, África América
Europa Asia y Oceanía. Y Luz se perdía ahogada en el medio del meridiano.
Cuando se
bajo el telón muy pocos espectadores confundidos aplaudían, solo el director y
su amante eufóricos.
Ella y
yo sabíamos que en Norteamérica me iban a despedir, pero a ninguno le importo.
(….)
El mediometraje fue un éxito y comenzaron a llamarse de
algunas compañías, aunque no por eso me sentía realizado o feliz.
Me sentía mejor cuando ganaba dinero de otra cosa y me
dejaba volar la imaginación por placer o por amor. Fue así que muchas noches pensé
que podía llegarme a hacer sentir mas allá, y poder hacer algo que deje una
huella de uno en el mundo, pero de verdad.
Fue así que la busque a Mery, y me entere que había vuelto
de viaje poco tiempo después de partir y sola, y que en la casa de Atlantic
City, alejada de todo y frente al océano, todavía se usaba la mesa de vidrio.
Estábamos sentados en la misma cuando me decidí a decirle el
motivo de mi viaje, pero ella me respondió que no era tonta y que había visto
mi película, y que todo dependía de cuantas agallas tuviera.
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