Me llamo Bertil Karlsson y naci en 1987 en Gotemburgo, la
costa occidental de Suecia.
A pesar de mi nacionalidad europea, viví siempre en un
barrio humilde, con una familia de tradición en el trabajo industrial a las
afueras de la ciudad. A pesar de la insistencia de mi padre, nunca fueron las
maquinarias mi pasión, si por contrario me heredo otra , la pasión por el
football, y durante toda mi adolescencia dedique mis esfuerzos al deporte con
el anhelo de un día poder vestir la camiseta de mi país, hacer un gol en el
Estadio Rasunda era la gloria.
Cuando cumplí los dieciocho años me llego la gran
oportunidad. Pase de las inferiores del equipo de mi ciudad, el Gotemberg F.C.
al AIKA Estocolmo , de la capital del país, sin previo paso por primera.
Deje a mi primera novia y a mi familia en mi ciudad natal y volé
por primera vez en mi vida en avión en un vuelo que duro menos de media hora
hasta Estocolmo.
La llegada al aeropuerto Arlanda
la recibí perplejo por el mareo del vuelo y el asombro de la belleza del
lugar y el acoso de los periodistas.
Me hospede los primeros seis meses en el lujoso Hotel Hilton
Slussen en el centro de la capital con vista a la bahía.
A las nueve de la mañana de cada día un remisse pasaba a
buscarme para ir a entrenar a la ciudad deportiva del club a las afueras de la
ciudad, en la cuales entrene con el plantel de la primera división el final de
la temporada 2005/2006.
Tuve por un breve periodo de mi vida todos los lujos
alrededor, las mejores modelos que quisiera en mi dormitorio, las mejores
discotecas abiertas solo para mi, y una cámara de televisión a la salida de
cada entrenamiento.
Pero la verdad es que en el plantel nunca se plantearon ni
aceptarme, el capitán del equipo un veterano de 37 años, que estaba decayendo
en su nivel pero mantenía su poder en el grupo, nunca acepto que yo pudiera
discutirle su lugar de centro delantero en la cancha.
Me mandaron a entrenar los próximos dos años con el equipo
de reserva, luego que el director técnico que me pidió en su momento fuera
despedido para que vuelva un antiguo entrenador con trayectoria, que ya conocía
al club y al capitán. Para colmo, mientras tambaleaba el club por las malas
actuaciones, consiguieron el titulo de la liga en la última temporada.
En ese periodo que me mantuve entrenando en el club apartado
solo para cobrar mi sueldo, mi padre se jubilo, mi hermana se caso, y mi madre
falleció. Cuando se termino el contrato decidí dejar el deporte profesional, y
me uní a un equipo en una liga regional echo de ex compañeros de la reserva del
Estocolmo.
Ganaba poco dinero rentando un kiosco de revistas en las cercanías
del parlamento, pero me había acostumbrado a la vida de la ciudad. En una de
las noches que hablaba por teléfono con mi padre se descompuso, y fue horrible
estar tan lejos del lugar que uno se siente parte.
Le diagnosticaron el mal de Alzheimer, que el desmayo se
produjo al cansancio de las neuronas, o por lo menos así me lo comento mi
hermana por teléfono. Decidieron no decirle nada todavía, el dentro de todo se
acordaba de las cosas básicas y la enfermedad no había empezado a traerle
los problemas más graves.
Comenzé a viajar los fines de semana para verlo y charlar
con él. Recordar cosas y que le presten atención a sus palabras, aunque sean
desordenadas, es un ejercicio que ayuda mucho al cerebro y lo percibí.
Podíamos hablar horas y horas, siempre sobre los mismos
temas, sobre las mismas personas y personajes, pero siempre hacíamos como si
fuera la primera vez.
Generalmente
cuando caía la tarde y el sol cambiaba de color el cielo, me hablaba sobre Pele
y me decía que él lo había visto campeón mundial por primera vez de la copa
Jules Rimet, como se le llamaba en su momento a la Copa del Mundo . Que había sido en el Estadio Rasunda y que Brasil vistió con la
casa Azul, y Suecia con la tradicional Amarilla. El segundo mundial en europa de la post guerra.
Yo siempre le interrumpía y le preguntaba cosas, para que
haga memoria, pero cuando llegaba ese momento prefería callarme y escuchar. Imaginaba
palabra por palabra.
Luego el me preguntaba si yo había jugado alguna vez en el
Estadio Rasunda, y yo le comentaba como siempre que había sido goleador de la
reserva, que había jugado varios partidos con la primera en el estadio, y que
era Gigante.
A veces si era la segunda o tercera vez en el día que me lo
preguntaba, le decía que hasta habíamos salido campeones conmigo en la cancha.
Después que falleciera algunos meses despues del diagnostico , durmiendo
inexplicablemente en su habitación, deje de viajar tan seguido a Gotemburgo, y mi
hermana se mudo ya separada a la capital.
Nos turnábamos en el puesto de revistas, que ya lo habíamos extendido
a un kiosco de bebidas y próximamente a un bar.
Nunca leía los diarios desde que abandone el Aika, pero esa
tarde leí en la tapa del Aftonbladet,
el matutino de la ciudad, que iban a derrumbar el Estadio Rasunda para
construir un complejo de viviendas por la nueva crisis.
El partido contra el Napoli FC por la copa UEFA seria el
ultimo, y como el partido inaugural de la selección contra Inglaterra, termino
con derrota.
Me sentí impotente, ni había ido a la cancha por el trabajo,
lo vi por televisión. Me sentí patético, una parte de mi vida se estaba yendo
para siempre, y luego de pensarlo, me sentí decadente también.
A la mañana
siguiente me tranquilice y la vida siguió su rumbo. Me di cuenta que siquiera tenía
treinta años, y que estaba a tiempo de cambiar todo. De hecho sentí que había rejuvenecido
después de la pérdida sufrida, después de poder despegarme y salir a la calle y
ser otra persona mas allá de una pelota de futbol.
Había decido vender el kiosco a un precio muy alto, por más
que a mi hermana no le pareciera lo mejor mas allá de la plata, a ella le
gustaba la comodidad de trabajar juntos, pero entendía mi deseo de expandirme,
y no era un mal negocio si se dejaba de lado los sentimientos.
Pero
era una noche de invierno a fines de noviembre cuando al bajarme de mi auto en el centro de la ciudad, para
juntarme con mis socios antes de acomodar todo para las firmas de la venta del
local, que me di cuenta que estaba a pocas cuadras del Rasunda.
Al
caminar solo media cuadra, como si fuera un sueño o algo surrealista, veía a la gente correr como
loca y propensa a generar disturbios. Parecía una protesta social, pero se dirigía
hacia el estadio.
No
pude aguantarme y me deje llevar por mi corazón, me acerque a ver que pasaba y
me di cuenta que la gente estaba ingresando al Estadio por la fuerza y llevándose
cada pedazo de él. La demolición era en unos días siguientes, pero algo en algún lugar
de cada uno de esas personas, les quería hacer llevarse un recuerdo de algún momento
vivido.
Salte unas
barricadas e ingrese al césped del estadio por última vez, me senté, lo bese y
arranque de las raíces un último recuerdo de Pele.

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