jueves, 13 de febrero de 2014

JUEGOS OLIMPICOS DE INVIERNO

Vivir en Sochi nunca ha sido fácil, especialmente durante el invierno.

Me crie en esta ciudad junto a mi hermana melliza desde los ocho años, cuando nos vinimos desde Ucrania con mi padre, que adquirió un permiso extraordinario de una persona cercana al ex presidente Yeltsin para abrir un complejo de esquí y cabañas, dedicadas principalmente al turismo exterior.

Lo primero que me viene a la mente de esos años bajo la nieve, es una unión tacita de silencio con mi hermana, por no poder manifestarle a mi padre nuestro fastidio por habernos mudado tempranamente y sin preguntar de país.

Cuando volvíamos de la escuela, ella se pasaba todas las tardes practicando esquí en una montaña pequeña preparada para competición.Yo en cambio, me pasaba las horas estudiando en la biblioteca familiar todos los libros que en mi casa compraban y nunca leían. Mi favorito era uno sobre los personajes históricos de Europa en el siglos XIX y XX . De adolescente creo que ese conocimiento general me hizo ganarme una beca para estudiar en Moscú. Cumplí 17 años y  comenze a cursar en el instituto , a km de Sochi y de mi hermana, fue entonces cuando empeze a frecuentar Sochi solo los fines de semana, en los cuales por las practicas tampoco nos veíamos mucho.


Durante los días hábiles, vivía como un extranjero en la ciudad. Refugiado en bares,  ya estaba aburrido de hondar en la historia fascinante de un lugar que ya tanto no lo era. Aunque gracias a mi apellido pude codearme con cierto circulo ortodoxo de la ciudad. Así fue que al terminar los estudios secundarios me dedique a estudiar en la universidad ciencias políticas, y me especialice en el estudio de las relaciones ruso-ucranianas.


Mi vida transcurría su curso normalmente, hasta que una mañana del 2010, previo a la transmisión televisiva de los juegos olímpicos de Vancouver, escuchamos mientras desayunábamos en nuestra cabaña que la cadena internacional CNN  anunciaba que el comité olímpico designaba a Sochi  como ciudad anfitriona para el 2014, a pesar del malestar de los americanos.

Mi padre descorcho un champagne y brindamos los tres, con la consigna de que mi hermana participaría y se destacaría. Esa misma tarde, cuando quede solo, sentí que una etapa de mi vida había terminado.


Sentí en lo más profundo de mi corazón, que no estaba afrontando a la vida como un hombre que hace y dice lo que siente, y deambulaba por la misma sin ser yo mismo, sin animarme a ser quien realmente quería ser.





Hacía poco que había empezado a trabajar para la embajada ucraniana en Moscú, y que hallá decidido abandonarlo todo para retirarme unos meses en Sochi a escribir un libro de relatos de personajes históricos, no le cayó muy bien a mi padre. A quien si pareció agradarle fue a mi hermana, ya que fui su compañía en su entrenamiento durante casi dos años, en los cuales nos sentimos como cuando éramos pequeños. Ella no competía por ucrania, ya que había pocos lugares para el esquí, pero mi padre la nacionalizo rusa para poder competir con los locales. Eso la había puesto muy triste y solo yo pude animarla.


Una de esas mañanas que compartíamos mientras yo dejaba todo preparado para mis escritos, y ella para entrenar, me pidió que la acompañara a la inauguración de la villa olímpica. La celebración estaba lleno de burócratas rusos y deportistas de varios países que venían con sus delegaciones como excusa para conocer el terreno.

En un momento de aburrimiento, salí a fumar un cigarrillo al balcón del salón, cuando un agente de seguridad se acerca hacia mí y me dice que era falta de respeto fumar en esta clase de eventos y que si por favor podía apagarlo. A unos pocos metros una chica alta y rubia, con un acento que me era familiar, se reía a escondidas de mi situación.



Perdí toda la vergüenza en un segundo y me acerque a una silla junto a ella. A los pocos segundos me di cuenta de porque me llamaba la atención su risa, su nombre era Maike Svensson, y era ucraniana igual que yo.

Me dijo que su profesión era el patinaje sobre hielo, y que aunque ganara poco y a veces no estuviera segura de ser la mejor, deslizarse bajo una buena música de piano sobre la pista era como ir al psicólogo, o mejor.


Reímos mucho y por primera vez en largo tiempo pude ser yo mismo, le dije que me dedicaba a escribir relatos en mi cabaña, y que había abandonado todo en Moscú. Le dije que era muy bonita, y ella se sonrió y me respondió que si tanto para hacer un relato sobre ella. Entonces le pedí que si quería acompañarme a cenar junto a mi hermana esta noche en las cabañas.



Algunas horas después estábamos comiendo el postre los tres mirando la nieve por la ventana.

Cuando mi hermana se fue a dormir, la lleve a Maike a conocer el resto de la casa, con la excusa de conocerla más y mostrarle algo de mis relatos. Me quede encantado con su sencillez, algo en ella y en su interior, me hacían ver reflejado en su rostro la aceptación pura o la poca credibilidad de mi palabras. Notaba como rechazaba las malas costumbres que tenia de mi recuerdo de Moscú, y como se conectaban nuestros ojos cuando de mi corazón brotaban palabras como las que leía de niño extrañando mi país. Mi país, creo que era eso, lo que me hacía sentir esa bella chica.



Antes de despedirnos, al lado de nuestra fogata de leña, le regale mi primera edición de relatos. No era en la que mejor los desarrollaba, pero eran en los que más puro de veía reflejado eso que sentía que me unía a su belleza.


Nos despedimos y vi en esa mirada de adiós, que aunque pueda ver en esos ojos la mujer más maravillosa del mundo, ni mi pasado ni mis pasiones  me permitían ser el verdadero hombre que ella realmente se merecía a su lado en Ucrania.

Nos dimos un beso en la boca y nos despedimos otra vez con otro beso, con la promesa de volver a vernos durante los juegos, que ella iba a contactarse con mi hermana para encontrarnos, como intuyendo que yo no estaba preparado para nuestro amor todavía.


                                …………………………………


Fue así que transcurrieron los días y los meses, hasta que la ansiada fecha llego. 
Aunque habría de parecer extraño, poco es importante ya para mí los juegos de Sochi mas allá del hecho de volver a ver a Maike, porque después de casi dos décadas me volví a vivir a Ucrania. Mi padre tampoco estuvo de acuerdo, pero se sintió orgulloso de que tomara una decisión por mi mismo que me haga más hombre. Mi hermana habia quedado afuera de las juegos por muy poco puntaje, y aunque habia llorado mucho, no se habia resignado a seguir patinando profesionalmente. Yo trabajo en el diseño grafico de una imprenta alemana que opera en Ucrania, ya que la publicación de relatos sobre los personajes históricos y el trasfondo de mis mal de amores no fue apreciado por el mercado. Solo me dedicaba a encontrar a una chica igual que Maike accidentalmente en cada esquina, pero la suerte es la suerte, en cada parte del mundo.



Sin que me diera cuenta era la semana de la ceremonia inaugural, y estaba a un día de volver a Sochi después de mucho tiempo, otra vez.

Estaba nervioso, y al otro día en el aeropuerto solo mis familiares me esperaban ansiosos, y yo solo preocupado por ella. Mi hermana en el auto camino a casa se dio cuenta y se reía, y me dijo que Maike estaba aquí, que solo podía verme cuando terminaran los juegos, también me dio una carta de ella. Era un sobre vacio.



Me di cuenta entonces que había sido un egoísta otra vez, ese tiempo recuperando mi identidad, cosa que no había hecho cuando partí de la nieve por primera vez, lo pude haber aprovechado para estar con Maike durante su preparación. Los juegos olímpicos eran muy importantes para ella.


Decidí romper el hielo y me metí gracias a los contactos de mi padre en la villa olímpica donde se alojaba. Para la sorpresa y el fastidio de su compañera de cuarto, entre camuflado como quien servía la comida, y Maike se sonrió y nos dimos un abrazo grande. 
Su compañera fue a cenar al hall del hotel y nosotros nos quedamos hablando después de mucho tiempo en un balcón bajo la nieve.


Le agarre la mano y le dije que no había palabras que tuvieran el peso suficiente para convencerle de cuanto la quería mi corazón.


Ella cerró los ojos por un segundo lamentándose de traicionarse a sí misma, y cuando los abrió me dejo darle un beso como aquella vez.



Días después la ceremonia inaugural lleno la ciudad de mi infancia de luces de neón, y se dieron por comenzados los juegos olímpicos de invierno.

El tiempo diría después que Ucrania no gano la medalla dorada en patinaje sobre hielo, pero que esa chica alta y rubia había ganado un lugar para siempre entre mis personajes históricos.





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