jueves, 11 de abril de 2013

COREA DEL SUR


Senderos bordeados por aromáticos de pino de un kilometro de largo, adornan el estacionamiento hasta la costa del océano. Otro camino dejaba casi al borde de la playa, repleta de rocas de todos los tamaños. Entre ellas hay un enorme hueso de ballena, animal predilecto de la zona, casi extingido por cazadores luego de la gran guerra.

Estábamos en el parque Dowwongman , en la ciudad de Ulsan , Corea del Sur. Reconocía todo el lugar, allí nació mi abuela y aunque nunca la conocí, toda la gente del lugar decía que mis cabellos eran igual a los de ella.   Habia viajado a la península algunas veces de pequeña, cuando mis padres vivían junto conmigo en Chicago, como vacaciones familiares y lugar exótico. A mi padre poco le importaban sus ancestros. Habia emigrado de Seul a los tres anos , la mayoría de sus hermanos no lo conocían, y en EEUU hoy es un prominente empresario. Su acercamiento a sus raíces eran puramente deseos de expandirse comercialmente en el continente asiático.

A pesar de los datos genealógicos, no herede casi ninguno de sus rasgos orientales, soy más bien parecida a mi madre. Hace tiempo que no la veo. Consiguió casarse luego que mi padre se lo impidiera por 8 anos, con un simple trabajador bancario de  Florida que le brindo amor luego de anos de tortura psicológica de mi padre bajo un palacio de cristal. Mi madre había sabido modelar y era una mujer bella. Mi padre la encerró su palacio y nunca le dejo volver a su vida anterior. 

Conmigo en cambio fue diferente, fui su nena consentida, esa celda de cristal tenia las puertas abiertas para ir y venir a los países que quisiese.

 Mi supuesta visión universal de todo me hacía sentir falsamente importante en cada grupo que participaba, aunque yo no lo veía así, me creía parte del papel que protagonizaba cada día.


 Cuando cumplí 19 anos ingrese a la universidad de Yale, en ciencias políticas y relaciones internacionales. Sentí que era mi oportunidad y me aislé de esos mundos de personas que me habían visto crecer, en busca de lo que pensaba seria un nuevo mundo, donde estén las sensaciones de verdad.


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Esas sensaciones nunca llegaron, las personas que me rodeaban eran iguales a la otras, con el valor agregado que ni siquiera me conocían. En un acto de fe ciega, me aisle de todos y conseguí graduarme más  el puesto cultural de la embajada del país que visite con mis padres.

 Tampoco conseguí lo que deseaba.

Una tarde en la sala de exposiciones de las Naciones Unidas, después de semanas de haberme dado cuenta y sufrir en silencio, quede paralizada del miedo cuando un grupo de seguridad se acerco a querer sacarme de la sala.

Guardo silencio desde aquel dia,

Hasta el dia que valore la libertad que tengo de emitir esas palabras, la libertad de sentir que no todo lo que vemos es lo que hay, esa libertad que en algunos lugares no todas las personas tienen … pero que sufren igual que yo.







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