Cuando
Kahren despegó del aeropuerto de nueva york, llevaba sus valijas repletas de
sueños y democracia para exportar.
De muy
joven llegó a la gran manzana en un micro desde Dallas, y sintiéndose en la
ciudad de la libertad, se transformó en su máxima exponente. Presente en cada
gala de frivolidad, aportaba su encanto de joven campestre en cada galería de
cuadros, pasarela de moda, concierto de música o presentación de un libro.
Reconocida por su gracia y tenacidad, era una apasionada lectora y critica de arte.
Con el paso de los años cada vez mas critica y apasionada. A la edad de treinta
tres años se esposo con un reconocido senador conservador que frecuentaba sus
círculos sociales.
La noche
de bodas y posterior luna de miel fueron monótonas y aburridas. Una mañana vio
a su marido desnudo y le repugno como había confundido frivolidad con libertad.
Quería irse lo más lejos posible y así fue que su gente, enojada por su
desprecio, la subió a ese avión financiado por la fundación para la democracia,
que fundó su marido.
Cuando
Kahren aterrizó en el aeropuerto de Belgrado, Serbia, llevaba valijas repletas
de sueños y democracia para exportar.
Quería
volver a ser esa chica de Dallas que creía que la verdad nos hacía libres. A los pocos días sintió escalofríos de ver
que el hambre y la guerra que su libertad en america causaba en otros países
mas pobres. Tambien sintio que sus alumnos le tenían odio por aquello. Toda la
belleza neoyorquina comenzó a repugnarle al igual que su marido, y a su regreso
anticipado le acompaño la sensación que nunca había dejado de ser una pobre
campesina de Dallas , usada por esa gente por su belleza o inteligencia.
Durante
una gala, le preguntaron si la gente serbia había aprendido sobre democracia,
recordó las bombas sobre Belgrado, y entró en ataque de pánico.
Quedo
dura, inmovilizada, cual el cemento de la estatua de la libertad.

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