viernes, 20 de mayo de 2016

LA SONRISA



En un clásico pueblito portugués,a 500 km de Lisboa, llovía sin descanso hacía casi dos días. Cerca de las cuatro de la madrugada un automóvil con patente municipal estaciono frente a la única casa de fotografía del lugar. La heredera del penúltimo castillo imperial, Madame de Couthino, requería de sus servicios para un retrato de su hija menor. Pero ante la negativa de la esposa del dueño del lugar, los emisarios debieron recurrir a un joven serafín que vacacionaba en el lugar, y que fue visto tomando fotografías por doquier.



Refugiado de la tormenta en un viejo hotel céntrico, fue sacado casi por la fuerza a pesar de su voluntad de realizar la sesión, y trasladado por los caminos que separaban la ciudad del antiguo castillo. Al llegar fue recibido por la hermana mayor, una monja cristiana, que estaba muy afligida. El fotógrafo serafín se dio cuenta en ese instante que había sido llamado a retratar el último instante de una joven recién fallecida.



No existen palabras para contarles, era tan bella, y parecía que dormía serenamente. Cuando el joven puso su ojo derecho en la cámara y la vio atráves del lente, la tambien joven señorita abrió los ojos de par en par y le regaló una última sonrisa de primer amor en primavera. Cuando la instantanea se reveló segundos después, ella salió posando serenamente como si seguiría durmiendo.




No existen palabras para contarles .. pero el fotógrafo espero en tranquilidad hasta el final de los días de su vida esperando llegar al cielo, para encontrarse con el amor, postergado, inconcluso, intenso …. Como todo lo eterno.


miércoles, 18 de mayo de 2016

JUDEA

Antes que nada, vale y debo aclarar, que no conocía a Jesús en persona, ni a sus apóstoles. Tampoco le había escuchado hablar jamás. Esas tardes que llegaban multitudes a la sinagoga de Judea yo nunca las presencie. Hoy pienso que era demasiado joven, quizás el también lo era, por eso los relatos de los demás, sean buenos o malintencionados, me atraían por igual.


Antes de cumplir la mayoría de edad, había sido alejado de mis padres y hermanos para trabajar con el imperio, por ser el primogénito. Al principio fue muy doloroso para mi corazón. Con el paso del tiempo, la fuerza de mi trabajo llenó con pan y vino mi boca. Una noche, de esas que me encontraban satisfecho a la luz de la luna, no tenía más hambre y por tener comida seguí comiendo. A los pocos minutos se acerco entre el silencio de las sombras un anciano que me recordó a mi mismo, juntando desechos en una carretilla. Fue entonces que cada vez que hablara acerca de ese hombre, o de su compadre Juan el bautista, una sensación desde el alma, extraña, de amor en el dolor, y dolor en la abundancia se apoderaba de mi mente.



Una mañana cerca de la fecha de pascuas, se comentó de boca en boca que Jesús estaría allí, en la sinagoga de Judea, para demostrar en público su palabra y manifestarse ante quienes no crean en él.

 Pero no fue así.


Todavía no había llegado su hora, y no se presentó porque entre la multitud había gente dispuesta a matarlo o a entregarlo a Roma.

Entre la multitud de personas que nos agolpábamos en retirada luego de esperarlo por horas, algunos se fastidiaban y quejaban por la pérdida de tiempo, pero ninguna creía en el, solo era curiosos del milagro.

Caminé por un sendero oscuro por largo tiempo hasta ver la luz. Al abrir los ojos reparé en que una mujer cruzaba el mismo camino a mi paso, y ella también reparó en mi. Ninguno de los dos nos habiamos visto antes y ambos llegabamos a puerto de luz después de perseverar. Su nombre era Miquena.



La semana siguiente Jesús fue arrestado y esa misma multitud clamó por la libertad de Barrabas, pero todo estaba escrito ya.  Los días siguientes prosiguieron entre el nerviosismo y la ansiedad general, la gente se maltrataban una a la otra, y dominó más que nunca la ley del más fuerte.



Tres días después de la crucifixión y terminado el calvario, me sentí cansado de tanto odio alrededor.

Mi alma estaba limpia, y sin embargo de lo ocurrido, me sentí renacido en mi interior.



Mire alrededor como si toda mi vida hasta el momento fuese un camino empedrado y oscuro, y en mi corazón desee tener al lado aquella mujer que recién conocía.






lunes, 16 de mayo de 2016

ESTATUA DE LA LIBERTAD

Cuando Kahren despegó del aeropuerto de nueva york, llevaba sus valijas repletas de sueños y democracia para exportar.

De muy joven llegó a la gran manzana en un micro desde Dallas, y sintiéndose en la ciudad de la libertad, se transformó en su máxima exponente. Presente en cada gala de frivolidad, aportaba su encanto de joven campestre en cada galería de cuadros, pasarela de moda, concierto de música o presentación de un libro. Reconocida por su gracia y tenacidad, era una apasionada lectora y critica de arte. Con el paso de los años cada vez mas critica y apasionada. A la edad de treinta tres años se esposo con un reconocido senador conservador que frecuentaba sus círculos sociales.



La noche de bodas y posterior luna de miel fueron monótonas y aburridas. Una mañana vio a su marido desnudo y le repugno como había confundido frivolidad con libertad. Quería irse lo más lejos posible y así fue que su gente, enojada por su desprecio, la subió a ese avión financiado por la fundación para la democracia, que fundó  su marido.


Cuando Kahren aterrizó en el aeropuerto de Belgrado, Serbia, llevaba valijas repletas de sueños y democracia para exportar.


Quería volver a ser esa chica de Dallas que creía que la verdad nos hacía libres.  A los pocos días sintió escalofríos de ver que el hambre y la guerra que su libertad en america causaba en otros países mas pobres. Tambien sintio que sus alumnos le tenían odio por aquello. Toda la belleza neoyorquina comenzó a repugnarle al igual que su marido, y a su regreso anticipado le acompaño la sensación que nunca había dejado de ser una pobre campesina de Dallas , usada por esa gente por su belleza o inteligencia.


Durante una gala, le preguntaron si la gente serbia había aprendido sobre democracia, recordó las bombas sobre Belgrado, y entró en ataque de pánico.


Quedo dura, inmovilizada, cual el cemento de la estatua de la libertad.




sábado, 14 de mayo de 2016

SOLO UN BESO

Mohamed era oriundo del norte de África, de Siria, y por esos tiempos cuando le preguntaban acerca de su país, solo le gustaba responder que el sol era ardiente.

Cursaba la universidad al este de Roma, y solo ocupaba su tiempo en oraciones, cuidar el cuerpo y proyectarse en sus estudios de arte. Todo alrededor que se encontrara por fuera de esa trinidad le parecía que tenía olor a podrido, que lo juzgaba, o que simplemente lo distraía del objetivo divino de su corazón.

El joven creía ciegamente, y estaba convencido, de que nada estaba librado al azar, y que cada corazón tenía un destino divino. Cuando conoció a M…..a, una joven y prometedora pintora Suramericana, comenzó a ver el mundo mas allá de sus ojos y de sus experiencias con trágico final bajo el sol ardiente, ese que era el centro de su mundo. De un día para el otro, la vida cotidiana de occidente dejo de parecerle una parodia del infierno, y la visión cristiana del mundo que tenía la artista le permitía relacionarse con ella de una manera que le limpiaba el alma. A su vez, ella era muy bella y le recordaba el espíritu del primer amor. Una tarde, viajaron en micro a París, y  después de la merienda se besaron. A los pocos días ella tuvo que regresar a su país para cumplir con sus obligaciones familiares. El le comprendió porque había perdido a toda su familia previo a emigrar.


Durante esos primeros días, Mohamed sintió la presencia de Dios en cada detalle como una luz. Pero al poco tiempo ese brillo pareció enceguecerlo de una manera diferente, oscura, y comenzó a buscarse entre la oscuridad de la sociedad que le rodeaba.


Dejó de rezar, de estudiar y de entrenar. Se dedicó a lo facil y material, a conseguir dinero aplastando a su prójimo, a presumir, a buscar el sexo y el placer de lo artificial por el solo hecho de no tener la necesidad de amarse mas que a sí mismo. Inevitablemente chocó con lo que el no veía. Para la gente que vivía sin contemplar lo divino, el era un simple africano muerto de hambre que les robaba el trabajo, y en ese mundo solo le esperaba tristeza, calle y violencia.



En los momentos que más hundido estaba, le gustaba cerrar los ojos y sentirse por un rato bendecido por Dios. Su llave para entrar al cielo eran los recuerdos en vida de su gente antes que la guerra lo exiliara a ese lugar. Cuando Mohamed volvía a despegar las pestañas, sentía la presencia divina del beso que más lo ilusionó, la divina sensación del amor de Dios en la tierra. La que no necesita de un avión para volar los cielos sino   solo un beso.