martes, 7 de julio de 2015

CAMILA VALLEJO

Mis noches en Santiago me recordaban a las tardes de Llanquihue, un silencio que solo se rompia con las agujas del reloj o mis pensamientos. Me perturbaba con cada recuerdo de mis actitudes frente a los demas durante la jornada diaria, era un corazon solitario cubierto con una mascara de hostilidad hacia los demas hombres, dispuestos a destruirme por salvar su imagen, y al descubierto para las mujeres,a quienes intentaba dejarles una parte de mi vida ante cada gesto. Sentia no ubicarme en el trabajo, y cada dia me sentia mas desalentado.

Ante cada cargada, o ante cada rechazo, me fortalecia una especie de brillo en mi interior, la sensacion de que si ese amor existia en mi imaginacion tambien formaba parte de mi cuerpo, yo era el responsable de mi vida y de hacerme brillar. Al mismo tiempo, en el mundo real, la competencia en el trabajo era cada vez mas feroz, y vi con mis propios ojos como esas mujeres que movian las alas de mi ensueno se convertian en igual de egoistas que el resto de los varones. Un extrano tipo de igualdad de genero.

Fueron momentos en los que me senti solo, pense que por anorar la pureza del amor y la armonia de la sociedad me habia convertido en un Peter Pan que no queria crecer al nuevo mundo en que vivimos. Pero eso eran lo que ellos querian que piense, que sienta, que soy el unico, el primero en sentir que algo esta mal, que falta amor, que solo asi abra igualdad de condiciones para el rico, el pobre, el lindo y el feo.

La ultima noche que pase en Santiago, ni el silencio de mi pecho pudo acallar lo que pasaba en las calles. Miles y miles de personas salian del Estadio Nacional desembocando en la Alameda como una marea viva. Siempre fui fanatico de la Roja, pero me daba bronca, rabia, que cualquier triunfo del pais sirva para seguir cegando corazones, porque en ese mismo estadio, donde una pelota beso la red ese 2015, la gente que aparece en mis suenos, la de mi mundo mejor soniado, murio torturada en sus cuerpos, y silenciada en sus almas, borrando su historia joven, siendo ahora jovenes para siempre... hacia los ojos de nadie.


Entonces senti que estaba loco, que todo era al reves, que esa gente gris de las oficinas que me rechazaban, los que temian al amor, no eran nadie. Toda la gente que me permitia conocer las casi doce horas de trabajo diarias eran nadie, la gente que cruzaba en el metro eran nadie. Entonces, quienes eran las personas de mis suenios, que me parecian tan reales a comparacion de los vivos mismos? ... Durante mucho tiempo sospecho que eran esos desaparecidos del Estadio Nacional, queriendome decir, gritando a viva voz porque lucharon ... pero no , era algo mas real, como alguien de mi misma edad, alguien vivo, de mi misma generacion, que tenga toda su vida por delante para amar y cambiar al mundo.


Dormi profundamente, y a la maniana siguiente tome un micro hacia mi pueblo y mire por la ventanilla a la capital como se hubiera despertado de una fiesta. En un semaforo compre a un ninio menor a diez anios el periodico, y mire todas las fotos del titulo de la Copa America. Luego pase por el mundo, espectaculos y politica, donde encontre la foto de una dirigente juvenil que era acusada de generar disturbios callejeros en marchas por una reforma universitaria. El periodista, licenciado en una universidad donde los asistentes a la marcha no pueden ingresar sino pagando mucho dinero, se referia a los mismos como si fueron unos nadie ... pero los corazones como el de Camila Vallejo, y el mio, saben que formamos parte de una generacion que suenia ... y que los nadie son ellos.







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