lunes, 20 de julio de 2015

AGUA

En una remota ciudad de la Republica Argentina, vivio sufrio y amo Lucia Tyburzios. 

El dia que sus amigos derribaron la puerta de su apartamento, se aliviaron de no encontrarla, pero se sorprendieron al verlo semi-vacio y destrozado. Solo quedaba en pie sobre la cama una vieja fotografia de la pequena Lucia arrojando una botella con una carta dentro, a la orilla del rio. Era parte de un recuerdo de la escuela primaria, pero sirvio como un buen dato para encontrarla horas despues perdida y desorientada, en la zona costera de la ciudad.

Fue durante el tiempo siguiente al hecho que hablamos por primera vez. De un estado de esquizofrenia y locura total, los dias la llevaron a recobrar la lucidez de su mente y el color de su rostro. Segun los medicos lo relevante era que superase la gran ingesta de hongos alucinogenos, por lo que decidieron mantenerla en el establecimiento como una interna mas.

En esas tardes siguientes, con porro y mate mediante, recorriamos el jardin del loquero. Me parecia una ironia, pero en tiempo no habia tenido una charla mas cuerda y esclarecedora. Ella me comentaba que crecio con la intriga de no recordar que decia esa carta, y que una corazonada le decia que era la escensia de su inocencia lo que contenian esas letras. Repito, yo me daba cuenta que ella era una persona cuerda, pero parecia resignarse a tomar lo que le recetaban los medicos y ser una paciente corriente.

Con el tiempo insisti en tocar la llaga del recuerdo de aquella carta, hasta que una tarde de primavera rompio el silencio de lo trivial, para confesarme que durante "el viaje" ella misma cuando era pequena se le aparecio entre las olas, y en la orilla le entrego en mano la famosa botella. Me dijo que cuando la tuvo en su mano fue un momento tan magico, que por su retina pasaron los momentos mas gratos y mas horribles de su vida. Se asusto mucho y lanzo la botella nuevamente al agua sin siquiera haberla destapado.


A la manana siguiente pidio dejar de tomar la medicacion, y a los pocos dias le dieron el alta.

Nunca volvi a verla, ni oir sobre la famosa carta ... solo quise contar esta historia para salvar mi inocencia de las profundidades del agua. 






martes, 7 de julio de 2015

CAMILA VALLEJO

Mis noches en Santiago me recordaban a las tardes de Llanquihue, un silencio que solo se rompia con las agujas del reloj o mis pensamientos. Me perturbaba con cada recuerdo de mis actitudes frente a los demas durante la jornada diaria, era un corazon solitario cubierto con una mascara de hostilidad hacia los demas hombres, dispuestos a destruirme por salvar su imagen, y al descubierto para las mujeres,a quienes intentaba dejarles una parte de mi vida ante cada gesto. Sentia no ubicarme en el trabajo, y cada dia me sentia mas desalentado.

Ante cada cargada, o ante cada rechazo, me fortalecia una especie de brillo en mi interior, la sensacion de que si ese amor existia en mi imaginacion tambien formaba parte de mi cuerpo, yo era el responsable de mi vida y de hacerme brillar. Al mismo tiempo, en el mundo real, la competencia en el trabajo era cada vez mas feroz, y vi con mis propios ojos como esas mujeres que movian las alas de mi ensueno se convertian en igual de egoistas que el resto de los varones. Un extrano tipo de igualdad de genero.

Fueron momentos en los que me senti solo, pense que por anorar la pureza del amor y la armonia de la sociedad me habia convertido en un Peter Pan que no queria crecer al nuevo mundo en que vivimos. Pero eso eran lo que ellos querian que piense, que sienta, que soy el unico, el primero en sentir que algo esta mal, que falta amor, que solo asi abra igualdad de condiciones para el rico, el pobre, el lindo y el feo.

La ultima noche que pase en Santiago, ni el silencio de mi pecho pudo acallar lo que pasaba en las calles. Miles y miles de personas salian del Estadio Nacional desembocando en la Alameda como una marea viva. Siempre fui fanatico de la Roja, pero me daba bronca, rabia, que cualquier triunfo del pais sirva para seguir cegando corazones, porque en ese mismo estadio, donde una pelota beso la red ese 2015, la gente que aparece en mis suenos, la de mi mundo mejor soniado, murio torturada en sus cuerpos, y silenciada en sus almas, borrando su historia joven, siendo ahora jovenes para siempre... hacia los ojos de nadie.


Entonces senti que estaba loco, que todo era al reves, que esa gente gris de las oficinas que me rechazaban, los que temian al amor, no eran nadie. Toda la gente que me permitia conocer las casi doce horas de trabajo diarias eran nadie, la gente que cruzaba en el metro eran nadie. Entonces, quienes eran las personas de mis suenios, que me parecian tan reales a comparacion de los vivos mismos? ... Durante mucho tiempo sospecho que eran esos desaparecidos del Estadio Nacional, queriendome decir, gritando a viva voz porque lucharon ... pero no , era algo mas real, como alguien de mi misma edad, alguien vivo, de mi misma generacion, que tenga toda su vida por delante para amar y cambiar al mundo.


Dormi profundamente, y a la maniana siguiente tome un micro hacia mi pueblo y mire por la ventanilla a la capital como se hubiera despertado de una fiesta. En un semaforo compre a un ninio menor a diez anios el periodico, y mire todas las fotos del titulo de la Copa America. Luego pase por el mundo, espectaculos y politica, donde encontre la foto de una dirigente juvenil que era acusada de generar disturbios callejeros en marchas por una reforma universitaria. El periodista, licenciado en una universidad donde los asistentes a la marcha no pueden ingresar sino pagando mucho dinero, se referia a los mismos como si fueron unos nadie ... pero los corazones como el de Camila Vallejo, y el mio, saben que formamos parte de una generacion que suenia ... y que los nadie son ellos.







miércoles, 1 de julio de 2015

DECLARACION HELENICA

Nacer en Athenas era un privilegio, repetia siempre mi padre, en sus ratos de lucidez por las tardes.

Una enfermedad que no conociamos, le hacia perder el sentido y la memoria cada vez mas progresivamente. Reconocia solo a quienes estaban cotidianamente con el, pero a la vez, no borraba de su mente pequenas anecdotas de ninez.

Mientras cuidaba de mi hijo en sus primeros soles y de mi padre, escuchaba una tras otra las vidas de Homero, Aristoteles, y Platon. A veces confundia los nombres de las biografias, y me irritaba mucho prestarle atencion, pero mi pequeno siempre le daba cuerda para que nos la repita.

De esos anos recuerdo como brillaba el fuego de mi corazon. Terminaba la decada del 90, y estaba apenas separado de la unica mujer que habia amado, la madre de mi hijo. Recien habia pasado los treinta, tenia un buen trabajo, junto a muchas responsabilidades para con mi padre y la casa de mi ex pareja, gastaba cada centavo en que a ellos no les falte nada y vivia feliz con eso.

Casi sin darme cuenta, cuando mi padre dejo de acompanarnos fisicamente, mi unico amor hasta el momento estaba proxima a casarse nuevamente. Me senti tocado en mi orgullo, y sali con el corazon en venta a buscar aquellos circulos sociales con que discutia imaginariamente en mi soledad, cuando tenia el mundo por delante, antes de ser padre o de tener que ser hijo. Pero la noche de Athenas me encontro como una estrella perdida entre las nubes, un humo espeso de codicia ciudadana.

Las canciones de protesta, los autores de libros de la libertad, eran una mueca de risa hacia unos pocos jovenes ilusos. La gente de mi generacion parecia olvidar haber vivido en un siglo anterior a este, sin las luces de neon de lo privado. De hecho me choque con que todo se habia privatizado, el agua, el gas, la televison, la radio, la musica. Hasta La Illiada habia cedido sus derechos a un holding.

Este siglo nuevo me encontro resignado a encontrar esa media naranja que comparta mi cuerpo, mi literatura y mis ideas. Desde ese momento que deje de soNar con ese amor eterno, las luces de neon de la economia de mi pais empezo a mostrar su sombra mas oscura, y promediando la mitad de la vida me encontre sin trabajo por primera vez. El nuevo marido de la madre de mi hijo me consiguio un empleo como ascensorista de un banco, en un gesto invalorable, que me dio mas dolor esa noche de 2009 que fallecieron ambos en un accidente de rutas volviendo a la capital. Nunca llego a ver como el banco que regenteaba quebro y nos dejo a todos sin empleo. Y ella como tuvimos que aprender a vivir juntos con nuestro hijo.

Ninguno de los dos teniamos trabajo, pero en cierto modo compartir ese momento nos fortalecio para volver a empezar. El consiguio rapidamente un espacio como docente primario, pero yo pasaba cada maniana desmotivado junto a mi ex companeros marchando frente al banco.

Durante una protesta, que movilizo a casi todo el pais, la represion policial me alcanzo con un fuerte proyectil y me desmaye. Me levante largos minutos despues, pero me encontraba refugiado en un bar centrico, al cuidado de una bella mujer que me habia rescatado de las pisadas de la multitud. Tomamos un trago y nos relatamos nuestras vidas, que parecian ir de la mano, habiamos nacido el mismo ano, odiabamos esta nueva Grecia, y nuestros gustos culturales eran previos a la caida del muro de Berlin. Su nombre era Cecilit, y me dejo su numero telefonico para que volvamos a vernos.

Esos meses siguientes rejuveneci en mi corazon, y un nuevo gobierno de izquierdas parecia luchar por recuperar la economia. Senti en mi pecho mas ganas de amar que nunca, incluso mas que cuando era un adolescente. Sali a buscar trabajo cada maniana, me costo encontrar pese a casi cien entrevistas, y comenze a atender un salon de ventas de la estacion de metro. Intente localizar a Cecilit cada semana, pero su telefono discaba tono sin que nadie atendiera.

Esta semana se llamo a un referendum para decidir sobre un nuevo ajuste de la Troika ( EU, Alemania, Fmi ), o seguir luchando de a poco, con lo que nos queda y lo que soNamos conseguir.

Vi salir a la calle gente adinerada y alguna alienada, que vivia en esos circulos que destruyeron mi pais, bregar porque sigamos siendo parte de Europa.

Me dio mucho odio, y parece que a otra gente tambien, porque al dia siguiente en una contramarcha a favor expresamos nuestro grito de esperanza.

No pude encontrar a Cecilit en la marcha, ni estoy seguro de vencer en el referendum, pero anhelo hoy mas que nunca volver a amar y ser amado. Cuando regrese mi hijo me dejo una nota en catalan, de Joan Serrat, que bregaba :

Papa, deja ya de llorar ...

que nos han declarado la Guerra .