Hace algunos anos que mantengo este puesto de trabajo, superando cualquier record de mis antecesores. Sus relatos dejaban constancia que pese al amor por los animales que tenia cada uno, la pobre paga y el aislamiento que producia el tamano de ese cristal producia tristeza y perdida de horas de vida para quien estaba detras. Pero pese a cualquier estadistica, la veterinaria y ese contacto de mi rostro tras el vidrio con el publico se hicieron las mejores horas de mi nueva vida.
Durante las jornadas de trabajo disfrutaba dejar volar mi imaginacion al limite, y transformarme para cada cliente desconocido en la persona que mi corazon sintiera. Mi momento preferido de la semana era cuando una chica llamada Lily venia a comprar alimento para perros. Era muy bonita, pero lo que mas me importaba era que los pocos minutos que nos quedabamos conversando no necesitaba ir mas alla de lo que sentia, me bastante con ser yo para hacerla sonreir. Quiza ya estaba fermentando desde el primer dia que acepte este trabajo, pero su sola presencia era la excusa perfecta para romper el vidrio antirobo de mi cerebro, que era las limitaciones de tener que estar de por vida en una silla ruedas.
Dias y semanas la espere moviendo en mi silla de un lado a otro, agazapado en la rutina y buscando las palabras justas para presentarme mas formalmente y mostrarme en mi totalidad. pero nunca aparecio. Pasaban las horas y el trabajo era cada vez mas insoportable. Habia pasado de volar mi corazon a sumergirme en los recuerdos de mi pasado nuevamente.
Me consumia el recuerdo de esas horas al rayo del sol, como torero, poniendo mi vida para domar a un animal salvaje en la arena, todo para que? para ser el rey del pueblo, la tentacion de las mujeres, el orgullo de la madre, el aplauso de las gradas ...
A todo eso me exponia cada semana para mantener mis pretenciones de vida.
Un dia decidi relajar mi intenso entrenamiento diario para disfrutar la vida junto a una vedette madrilenia que creia haber enamorado. Abandone mi carrera para seguirla en su temporada de teatro. Asi en la capital, pronto senti como mi fama de pueblo se veia opacada por gente poderosa que tentaba a mi mujer a cada paso que daba. El unico que parecia entenderme en ese ambiente del espectaculo era el maquillador de mi novia. La seguia a todos sus shows porque apostaba a su futuro. Siempre lo recuerdo en los camerines como yo en la veterinaria. Vivia una vida imaginaria en su corazon, porque en la vida real nunca se repuso del deceso de pareja, uno de los primeros en contraer el virus del Sida, cuando aun ni se conocia que era. El entendia mi creciente desanimo al abandonar todo por una mujer que ya ni siquiera le gustaba. Me recomendo que volviera a mi pueblo y me reencontrara a mi mismo domando a un toro en la arena nuevamente.
Pero esa fria tarde de fines de verano no era de las mias. Me entere por unos sobres anonimos de que mi novia me enganiaba con su productor y cortamos la relacion por telefono, siquiera iba a venir a ver la corrida previo a la llamada. La gente en las gradas quedo sorprendida cuando el toro me destrozo la espalda con su cuerno a los cinco minutos del rodeo. Nunca pude recordar que estaba pensando mientras ocurrio todo, no estaba capacitado para competir ese dia.
Esos meses que estube en coma, vivi en un ensuenio en el que repeti los dias de mi vida uno por uno. Al final del camino, llegue a la conclusion que habia pasado mi tiempo buscando placeres personales, nunca habia amado a alguien despojandome de mi mismo. Fue ahi que desperte sobresaltado, y en pocos minutos me entere que no volveria a caminar.
Lo mas parecido a cuando desperte ese dia, fue ese martes que decidi pasar a ser una estadistica mas de la veterinaria, y cruze ese cristal antirobo para no volver jamas.
Pensaba siempre en Lily, no la habia olvidado. Cruzarla por casualidad era mi fuerza para empujar mi silla cada tarde.
Una tarde de verano, en la feria de artesanos del parque de Sevilla, nos cruzamos de frente y seguimos andando juntos como si nos hubieramos visto hacia cinco minutos. No hice falta que le explique lo de mi silla de ruedas, no la asusto. Yo no le pregunte porque no llevaba a su mascota siempre. y como si no fuera nada nos encontramos viviendo algo sobre el amor.
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