En el club house del Jockey Club, todos se refugiaban de la tormenta, los hombres tomaban un trago viendo a Gaby Sabattini jugar la semifinal de Francia, mientras las mujeres debatian acaloradamente sobre una proxima excursion en crucero.
Siempre me acuerdo que era 1993, y que estaba por cumplir diez anios. No habia visto a mi padre en todo el dia, y odiaba estar entre esos adultos que fingian que les agradaba. En plena conversacion de mujeres le avisan a mi madre que tiene una llamada en espera. Me alegre porque confiaba que ya era hora de volvernos a casa, ella me habia prometido que cuando llegaran del aeropuerto a buscar a mi hermana sucederia eso, pero no fue asi.
De hecho congelo esa imagen como una caja de pandora, porque asi fue realmente. De las noches imaginando a mi padre conducir un auto a toda velocidad, patinando y dando tumbos por la panamericana, a los gritos en plena madrugada de mi hermana para llamar la atencion de mi madre.
Vivimos asi durante seis meses, tiempo suficiente para cambiar nuestras relaciones para siempre. Algunos hechos, generados por el poco tacto de mi madre, por ejemplo el no permitirme estar presente en el funeral, no decirme hasta dias despues lo que habia sucedido, o dejarme sola por horas para estar con mi hermana hizo que la gente allegada tomara cartas en el asunto.
La tarde de mi cumpleanios, se hizo presente un hombre de avanzada edad, que reconocia de algunos domingos en el club. Se presento como mi padrino, era muy amable y comenze a vivir en su casa del Tigre junto con su hijo.
Habia sido un almirante de alto rango, pero me decia que se retiro a la edad ideal para disfrutar de los placeres de la vida. El se quedaba despierto casi todas las noches tomando un trago, y como yo nunca pude dormir con facilidad, bajaba al living buscando quien sabe, una compania quiza.
Nuca lo habia visto dirigirse hacia mi ni hacia nadie como durante esas noches. Se habia transformado en una figura paternal, calurosa, que me habia enseniado a leer y escribir como correspondia, a jugar al ajedrez y a apasionarme por la cartografia. Nunca olvido que antes de mandarme a dormir repetia como si fuera la primera noche que le gustaria que su hijo Miguel pudiera hablar con el, pero que entre varones seria de maricas, y es bueno que respete al padre y priorize el deporte. Tambien remarcaba que no me enojase con mi hermana, que ella debia hacer feliz a mi madre porque era un caso especial.
Hasta entrada la adolescencia no tuve oportunidad de saber que era lo especial. No fue sino hasta 1998, anio que me gradue de secundaria, volvi a hablar con mi hermana y conoci a mi primer novio, cuando tuve contacto con la verdad.
Habia vuelto a frecuentar el Jockey Club pero lo odiaba, me hacia recordar a mi madre y lo falso de esa aristocracia. Ahora iba de la mano de mi Miguel, que era como mi nueva familia. Nos queriamos porque el odiaba a su padre tanto como yo a mi madre. El y su grupo de amigos eran diferente a los demas socios, los habian echado de su division de rugby por fumar marihuana y rehusaban a caer en la moda estupida de ese tiempo.
En ese grupo conoci el amor gracias a Mauro, quien por primera vez supo conectar mis inquietudes con algo real. Nos veiamos a solas afuera del club, el no era adinerado, habia sido invitado por una prueba de rugbiers. El siempre queria que viera mas alla de mi persona, que eso me iba a ser ver todo diferente y estar mas cerca de ser feliz, pero yo siempre le respondia que no me importaba la politica, solo el ser humano.
Una noche de invierno, enamoradisima, quise invitarlo a mi casa a almorzar. Queria mostrarle esa felicidad que sentia a mi nueva familia. Pero me dijo cortantemente que no, que consideraba como amigos a Miguel y a mi, pero que jamas compartiria nada, ni la mesa, con un torturador y asesino.
Me senti ofendida y desconcertada, llorando en mi habitacion por semanas. Cuando comenzaba a poner las piezas en su lugar, el rompecabezas se armo solo con la llegada del primer juicio despues de los indultos, por apropiacion de menores durante la dictadura. El caso salpicaba a mi padre muerto y al Almirante, en la adopcion de mi hermana en 1978.
Mas me llene de verguenza cuando mi hermana seguia mintiendose y protengiendo a mi madre negandose a aportar su adn caprichosamente. Conocer a esa gente, las familias que el almirante destruyo y ahora mi hermana retrasaba su lucha, me hizo sentir lo sucio que estaba todo lo que me rodeaba y lo que representaba mis seres queridos para el pais. Queria escaparme, pero al fin y al cabo ir a estudiar al exterior, como propuso mi madre cuando le confese la verguenzaba que me daba, y con el dinero sucio de mi familia era mas cobarde aun.
Use mi ultima carta, y fui a tocar el timbre de Mauro. Nos abrazamos sin que el me pida perdon, ni yo le diga que tenia razon.
Vivimos juntos mucho tiempo, hasta que cada cual tomo su camino. Lo llevo siempre conmigo, como llevo esa inquietud de pequenia en mi cuerpo ... el ahora saber que estaban por todas partes, que no desaparecieron, los que luchan por un mundo mejor.
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