Dafne desfilaba en las mejores pasarelas de Europa, con la soltura que te brinda el saber que el uso de una prenda puede representar más que una moda pasajera. Una tarde caminaba un trajecito estilo militar de Chanel y otra noche un vestido de gala zafiro de Carolina Herrera con tintes surrealistas y guantes blancos. Un verano a los 19 años, mientras tomaba fernet en el Cosquín Rock le tomaron unas fotos para promoción en un vip y fue el afiche del evento, motivo por el que fue de Paraná a CABA con su mama y por bonita y por saber perfecto inglés fue derechito a NY y nunca volvió. Con el paso de los años conoció su alma gemela, un empresario argentino con raíces en Milán el cual potenció las raíces que la unían al arte de la ropa, quien le abrió las puertas a las galerías de Arte y la promoción de cuadros. Mientras más leía y se formaba en los libros de artistas surrealistas del siglo 19 más llamaba la atención de un viejo continente cada vez más viejo. Su galería se llamaba Al Sur, homenaje a Victoria Ocampo.
Un verano en Buenos Aires, se quedó mirando las películas de el Decálogo del famoso director polaco porque llovía a cántaros, y cambió las relaciones sociales que tan importante eran para la galería, por fumar marihuana, llorar mucho y comer chocolate. No salió de la habitación por tres días y tuvieron que llamar al hotel para saber si vivía porque no le respondía a nadie el teléfono. ella contestó que estaba trabajando en la galería . En realidad solo recordaba esas tardes en las que su primer novio la llevaba a comer un choripan por la costanera entrerriana, y nunca había sido más popular que en esa época, no se compara la lucidez de los zapatos en la plaza de un pueblo, siquiera con la alta costura italiana. Aunque esos momentos no existan más, ella los llevaba dentro como si fueran un miembro fantasma, término médico que se diagnostica cuando por ejemplo nos mutilan una pierna y años después seguimos sintiendo que nos pica o que se nos acalambra. Necesito quedarse unos días más recordando sentimientos hasta que la sensación fantasma pareciera real.
Cuando volvieron a Milán, el miembro volvió a ser fantasma, nadie lo veía ni tocaba, pero seguía picando y acalambrandose. Dafne se dio cuenta que saber llevarlo era una manera más de reproducir su arte, caminar su pasarela, y que en su galería solo quería mostrar cuadros llenos de amor como los recuerdos de esa época.
No hay comentarios:
Publicar un comentario