lunes, 10 de abril de 2017

PUERTO NORTE

Las mañanas en Rosario sin hacer nada eran tan bellas que se transformaban en un delito para la preocupación constante.
En un bar de Puerto Norte, la borra del café y la mejor postal del rio Paraná, me hacen pensar nuevamente en un perfume de mujer que atraviesa el puente a victoria.

No quiero ser hipócrita. Ni melancólico. No era la primera vez que estaba en puerto norte, ni que perdía la cabeza por un culo hermoso con ojos claros. Pero había pasado tanto de la última vez … me daba la sensación que era la primera.
Un tiempo atrás, cuando me escapé a Melbourne, Australia, recordaba con nostalgia cuando recorría con mi motocicleta desde barrio la tablada hasta pasar “el monumento”, para fumar un porro con amigos frente a este mismo río. Por aquellas épocas, la ciudad de los canguros me hacía vivir en mucha soledad, la cual sin embargo, me permitía brillar.
Una noche conocí a la Basilico, una turista que parecía italiana, con la cintura de una avispa. Lejos de mi ansiedad rosarina, le tuve paciencia y le conquiste, e hicimos el  “amor” desaforadamente toda esa noche.

Esa semana me sentí tan realizado, descargado de tensión, que me di cuenta que el amor no era tan importante, que no me importaba tampoco que tan bella eran las mujeres.
Tome un avión a Rosario, y a todos mis deseos corporales los deje en Australia.
Visite todos los días a la familia, di buen concejo al amigo, saque a pasear los perros. Con el rezo del santo rosario fui a misa, y entrene tan duro en el gimnasio que llegue al seleccionado provincial. Un día hasta llegue pensar por que no estudiar el cuerpo, y decidí hacerme médico.

Mirando hacia atrás, había hecho tanto esfuerzo que un día decidí relajarme. Fui al mundialista con amigos a ver jugar un cafetero que nos hizo gritar goles y fumar mil porros. Estaba tan embriagado de Rosario, que me sentí igual de realizado que esas noches que tomaba cerveza con esa italiana, bien lejos de casa.


Al otro lunes, cuando desperté, me cayó la ficha de todo… Apagué el teléfono movíl, y no tuve voluntad para ir a la universidad ni a los entrenamientos, tampoco tenía ganas de drogarme ni ver a la familia, me daba culpa no usar esta fuerza en rezar, y todavía faltaba una semana entera para que juegue Central otra vez .

Me di cuenta, que dejar atrás todo el barullo de la ciudad, para caminar por Puerto Norte, no era la solución, pero si hermoso …


Me dejo pensando en que la Basilico en bolas no representaba en mi el amor eterno, pero era tan hermosa que dejaba una estela del mismo, … retazos tan postergados, tan inconclusos, tan intensos , tan …


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