Las mañanas en Rosario sin hacer nada eran tan bellas que se
transformaban en un delito para la preocupación constante.
En un bar de Puerto
Norte, la borra del café y la mejor postal del rio Paraná, me hacen pensar
nuevamente en un perfume de mujer que atraviesa el puente a victoria.
No quiero ser hipócrita. Ni melancólico. No era la primera
vez que estaba en puerto norte, ni que perdía la cabeza por un culo hermoso con
ojos claros. Pero había pasado tanto de la última vez … me daba la sensación
que era la primera.
Un tiempo atrás, cuando me escapé a Melbourne, Australia,
recordaba con nostalgia cuando recorría con mi motocicleta desde barrio la
tablada hasta pasar “el monumento”, para fumar un porro con amigos frente a
este mismo río. Por aquellas épocas, la ciudad de los canguros me hacía vivir
en mucha soledad, la cual sin embargo, me permitía brillar.
Una noche conocí a la Basilico, una turista que parecía
italiana, con la cintura de una avispa. Lejos de mi ansiedad rosarina, le tuve
paciencia y le conquiste, e hicimos el “amor”
desaforadamente toda esa noche.
Esa semana me sentí tan realizado, descargado de tensión,
que me di cuenta que el amor no era tan importante, que no me importaba tampoco
que tan bella eran las mujeres.
Tome un avión a Rosario, y a todos mis deseos corporales los
deje en Australia.
Visite todos los días a la familia, di buen concejo al
amigo, saque a pasear los perros. Con el rezo del santo rosario fui a misa, y
entrene tan duro en el gimnasio que llegue al seleccionado provincial. Un día
hasta llegue pensar por que no estudiar el cuerpo, y decidí hacerme médico.
Mirando hacia atrás, había hecho tanto esfuerzo que un día
decidí relajarme. Fui al mundialista con amigos a ver jugar un cafetero que nos
hizo gritar goles y fumar mil porros. Estaba tan embriagado de Rosario, que me sentí
igual de realizado que esas noches que tomaba cerveza con esa italiana, bien
lejos de casa.
Al otro
lunes, cuando desperté, me cayó la ficha de todo… Apagué
el teléfono movíl, y no tuve voluntad para ir a la universidad ni a los
entrenamientos, tampoco tenía ganas de drogarme ni ver a la familia, me daba
culpa no usar esta fuerza en rezar, y todavía faltaba una semana entera para
que juegue Central otra vez .
Me di
cuenta, que dejar atrás todo el barullo de la ciudad, para caminar por Puerto
Norte, no era la solución, pero si hermoso …
Me dejo
pensando en que la Basilico en bolas no representaba en mi el amor eterno, pero
era tan hermosa que dejaba una estela del mismo, … retazos tan postergados, tan
inconclusos, tan intensos , tan …
