jueves, 17 de diciembre de 2015

HABANA 90s

Las tardes en la Habana eran siempre igual, hermosas. Había veces que el sol quemaba las pieles durante varias horas en invierno. Hubo otras en que largas lluvias hacían pesadas las ropas y daba frío cruzar la playa en bicicleta.
En una de las mismas se dio curso al congreso de jóvenes revolucionarios. Se celebró el firme apoyo de los gobiernos argentino y venezolano. Nos presentaron a las comitivas hermanas, y para recibirlos fueron invitados compatriotas que hayan participado en los diferentes congresos durante la “resistencia” , en los años 90 s.
Ese día la conocí a “la griega”.Recorrimos las mismas calles que caminábamos a diario sin habernos visto nunca, haciendo de guías políticos y turísticos para nuestros asombrados visitantes. Recién cuando llegamos al mar y nos sumergimos, parecimos relajarnos, y hablando trivialidades entre camaradas, buscaba a cada instante llamar su atención o hacer contacto visual con ella, sin éxito.
Cuando volvíamos las nubes tronaron y en pocos metros nos empapamos, luego nos refugiamos bajo un techo cerca de la plaza de la revolución.
Los hermanos latinos seguían hablando de política, y yo les dije que ya, que nos cuenten como era su vida allá, pero parecieron no escucharme.
En cuanto las nubes se abrieron, el sol volvió a quemar nuestras pieles. Caminando de vuelta al congreso, quede a solas con ella milagrosamente unas cuadras.
Dijo
- La resistencia me endureció, pero de a poco aprendí a dejarme fluir …
Me derretía, quizas por el calor quizas de ganas de decirle, que más de diez años después de que ella se inicie en el amor y la política, yo veía en sus ojos una joven como yo, transformando a su vez mi mirada en la de un adulto,
Me hubiese gustado ser argentino o venezolano, para buscarla en las redes sociales o invitarle un café,
Pero como cubano y revolucionario, preferí inmortalizarla en estas palabras, como esas bellezas atemporales que duermen en Grecia, representando a diosas, mujeres, transformando a un simple cubanito, por un instante que se lea, en un ciudadano del mundo visto mas alla de los ojos del comunismo o no comunismo.

domingo, 13 de diciembre de 2015

JESUS DE VENEZUELA

En Caracas siempre hay sol, haga frío o calor. Un día como hoy nunca se repitió, el juicio lo televiso un canal opositor.
Dos cuerpos y un lugar con el mismo final, la magia negra actuó, y los resucitó, peinó y maquilló. para prestar declaración.
El primero que habló, peor trato recibió, un productor editó, lo que después se vió. En un gran barrió nació, su mamá lo extraño, a la gran plaza fue – Por maduro y chavez grité. Leopoldo me insultó. La jueza preguntó, si alguien importaba esta declaración.
Y una pueblada se armó, desde lujoso balcón, centro urbano rencor, la sangre del fantasma del joven pidió. No eran mas de mil, se televiso diez mil. El pueblo se calentó, con una marcha duplicó, al productor no importó, el rating por el juicio subió.
El segundo que habló, era ruin polizón, en vivo se televiso pero la oligarquía se enojo.
El contaba que veía, a Jesucristo que venía, con su mano y una piedra, con un canto como estrella.
El juraba que no podía mentir, juraba, it was jesucrist brown eyes …
Al editor suspendió, pero el directorio lo echó. Al productor por mentir, y sangre transmitir, sin darse cuenta pasó, a Jesucristo resusitó.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

LA REVOLUCION DE LOS CLAVELES

A las doce y media de la madrugada del 25 de abril de 1974 se emitía por Radio Renascença la canción Grandola, vila morena; era la señal elegida por los capitanes del Movimiento para dar el golpe de estado.
Empuñamos nuestras armas contra nuestros propios líderes, mientras que en las calles de Lisboa los ciudadanos recibían a nuestra marcha con claveles, el clavel, fue el símbolo de los acontecimientos para los libros de historia. De repente, la libertad irrumpió en el pueblo como un viento, que hizo que los obreros tomen sin violencia automáticamente el control de las fábricas desplazando a empresarios e interventores, y las puertas de las que habían cerrado tenían las cadenas rotas y pedían un nuevo plan económico nacional. Yo era un joven oficial que nacía en el mundo de la política bajo las brasas de estas cosas, mientras que el resto de mis compañeros venía de ver como el resto se moría en tres guerras diferentes en reconditos lugares del África, asesinados y mutilados por gente que defendían lo suyo y debían asesinar.
Habíamos tocado el cielo con las manos.
Poco después, cuando los planes de gobierno hacían pie para ponerse en marcha, los mismos correlagenarios que marcharon por las calles pensaron que los claveles eran solo los que caían de los apartamentos, y desplazaron a los obreros de las direcciones de la fábricas argumentando que debíamos abrirnos al mundo más que a nosotros, que ahí se competía. Descubrieron que para dominar África no necesitaban masacrarlos, que quizá el nuovo mundo giraría en explotar económicamente esos espacios geográficos. Los claveles se transformaron en democracia, con parlamento y votos. También se transformaron en televisión, ropas y excesos que hicieron pensar en que era una noche de abril de 1984, y ya no era ni joven ni oficial, en las que mis ideas políticas morían bajo las brasas de estas cosas, mientras volvían a realizarse elecciones sin sentido entre los participantes.
Se cerraron las urnas, y algunos curiosos se quedaron a ayudar al escrutinio para ver quien ganaba. Algunos obreros que tomaron fábricas se cruzaron con los nuevos administradores que los echaron y tomaron las mismas. Pero el mundo había cambiado tanto que ya ni se reconocieron.